El Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) señala que los programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC) no deben politizarse partidariamente, según Jorge Lavarreda, presidente del CIEN en corto plazo; estos programas afrontan el desafío de mejorar la selección de beneficiarios y al mismo tiempo lograr su sostenibilidad financiera, ya que en 2011, el 27 por ciento de beneficiarios no eran pobres.
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En los últimos años los países han utilizado los programas de TMC para aliviar la pobreza, mediante la transferencia en efectivo y aumentar el capital humano, a través del cumplimiento de las condiciones, con el fin de romper el círculo de transmisión intergeneracional de la pobreza.
Según un informe de la evaluación de impacto del programa implementado en Guatemala, realizado por el Instituto de Salud Pública en octubre de 2011, se encontraron efectos positivos en salud, educación, situación laboral y gastos de consumo.
Dichos efectos consistieron en un incremento del 11 por ciento en los años de escolaridad y del 4 por ciento en la tasa de inscripción; se redujeron en 9 por ciento los reportes de enfermedad y se incrementó en 9 por ciento los niños con esquemas completos de vacunación, asimismo se aumentó en 17 por ciento el número de visitas para recibir atención prenatal.
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2011, señala que el 56.4 por ciento de beneficiarios del programa eran pobres no extremos y el 22.7 por ciento no eran pobres.
Adicionalmente el incremento de los beneficiarios no fue acompañado del presupuesto necesario para cumplir con el diseño técnico del programa que consistía en brindar seis transferencias bimestrales al año.
Según el informe presentado por CIEN, esta mañana un factor crítico durante los siguientes gobiernos será garantizar el financiamiento suficiente para mantener el nivel de operación actual.
Para el año 2011 se contaba con un presupuesto aprobado alrededor de Q1.2 miles de millones a pesar de que el costo de realizar 6 pagos anuales por valor de Q600 a 800 mil familias superaba los Q2.8 mil millones.
Jorge Lavarreda, presidente del CIEN, señala que se debe blindar el programa contra los riesgos de clientelismo político, “este es un riesgo que nace del rápido crecimiento que tuvo el programa durante la administración anterior, de tal forma que en la actualidad no es sostenible financieramente pagar a una familia si se quiere cumplir con el diseño técnico de realizar seis transferencias bimensuales cada año”.
Además, indica que se requiere de una focalización en la población en situaciones de pobreza extrema y por otro lado trabajar en una creación de quejas y reclamos para que los beneficiarios puedan reportar cualquier anomalía, pero en el marco de un sistema de monitoreo y evaluación para todas las políticas públicas.
Concluye al decir que los programas de transferencias monetarias condicionadas tendrán un impacto si están focalizados, son transparentes y sistemáticos, generan competencias y son finitos.