Un Pacquiao diferente


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Manny Pacquiao se tambaleó en la cuerda floja en su última pelea, en la que necesitó 28 puntadas para cerrarle un corte en el párpado derecho.

Por TIM DAHLBERG LAS VEGAS / Agencia AP

Juan Manuel Márquez estuvo a punto de poner fin a la magnífica racha del campeón filipino, pero eso no impidió que Pacquiao cantara en su concierto posterior al combate ni que se fuera de juerga toda la noche con su numeroso séquito.

Pacquiao regresa al cuadrilátero el sábado, determinado a demostrar que su anterior pelea no fue otra cosa que algo circunstancial. Timothy Bradley, un virtual desconocido, será su adversario en un combate que podría acabar con la lucrativa carrera de Pacquiao o revitalizarla.

Esta vez, sin embargo, no habrá concierto, ni fiesta. Gane o pierda, lo único que está en la agenda de Pacquiao es una sesión de estudio de la Biblia y pasar algún tiempo con su esposa.

Asegura que es un hombre que ha cambiado, y la gente que le acompaña le avala. Sin embargo, lo que nadie sabe es si el cambio le afectará arriba del ring, una circunstancia que hace esta pelea un poco más intrigante que otras.

«Está más enfocado ahora», insistió el entrenador de Pacquiao Freddie Roach. «Con respecto a todas las distracciones de antes, el cambio es increíble».

Los apostadores no están del todo seguros, con Pacquiao con un ligero favoritismo frente al invicto Bradley. También era el favorito ante Márquez, pero tuvo suerte de salir con una decisión mayoritaria en una pelea que pudo para ser cualquiera.

Pacquiao declaró después que el estilo de Márquez le complicó. Allegados al filipino dicen que se vio afectado por problemas personales durante los entrenamientos, inclusive hasta el preámbulo de la pelea y con la situación extrema de que ni siquiera pudo hacer el calentamiento adecuado.

Esta vez no podrá esgrimir excusas. Pacquiao sabe que tiene que ganar y debe hacerlo sin dar margen a dudas si quiere preservar su puesto junto a Floyd Mayweather Jr. —actualmente encarcelado— como los dos mejores boxeadores del mundo.

«Quiero demostrar que estoy joven y que puedo seguir peleando», dijo Pacquiao. «Siento que sigo teniendo hambre de éxito».

Pacquiao expondrá una racha de 15 victorias seguidas al defender su cinturón welter ante Bradley. Lleva siete años sin perder y todas sus peleas recientes han sido grandes eventos de televisión de pago por ver que le han permitido embolsarse millones.

Pero la presión que acarrea el estar en la cima, además de ser un ídolo y legislador en su país, dieron paso a un frenético estilo de vida difícil de mantener. Pacquiao ya no toma. Tampoco apuesta. Regaló su rancho para peleas de gallos en las Filipinas y vendió las acciones que tenía en un casino.

Encontró a un guía espiritual y pasa su tiempo libre leyendo la Biblia.