Era de esperarse. Desde que supe que teníamos un gobierno militar sentí temor a la represión, a otra violencia más, aparte de la cotidiana; pensé en la censura y el autoritarismo y no me equivoqué. Claro que mi imaginación no llegó a tanto, no creí que de pronto cual trogloditas en lugar de ofrecer seguridad reprimieran la libertad de las mujeres de movilizarse a donde y cuando quieran, en cierta forma responsabilizándolas de lo que puede ocurrir, pero de esto ya se ha hablado bastante.
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Supuse muchas cosas, pero no esperaba que saltándose leyes, acuerdos y convenciones agredieran a menores de edad, que además de la edad vivan en un país “supuestamente democrático” en donde existe libertad de expresión.
Además de eso, por segunda ocasión el Ministro de Gobernación dio lugar a pensar que padece de amnesia, por aquello de lo prometido en campaña, los comunicados de prensa opuestos a ello y comentarios como “todo el mundo está harto de que no se respete la ley”. ¿Es acaso a través de la violencia que van a lograrlo? ¿De qué ley habla?
Si a esas vamos, como es costumbre, los primeros en irrespetar la ley son los funcionarios de gobierno que a pocos meses de estar en el poder han dado muestras de su falta de eficiencia, de honradez y de sentido común.
Las y los estudiantes tienen todo el derecho de manifestar, más en las condiciones en que lo hacían, dando paso cada cierto tiempo y de expresar su inconformidad a la propuesta de reforma del pensum de magisterio, aun y cuando y eso lo opinó yo, es una idea interesante que podría mejorar la decrépita formación de las y los maestros en el país.
Sin embargo, hay que anotar que razones justas para su inconformidad las hay y con mucho peso. ¿Quién va a sostener esos años de estudio?, tomando en cuenta las condiciones económicas de la mayoría de las familias del país, que abrigan esperanzas de mejorar o pasar menos penas cuando mucho en el momento en que los hijos puedan desempeñarse laboralmente.
Una reforma como esa es necesaria, pero hay muchos cambios que deben plantearse antes o junto a ella.
No obstante, la fuerza BRUTA, palabra ésta muy ad hoc para las fuerzas de seguridad de este y todos los gobiernos, es una violación a los derechos humanos y en este caso a los derechos de menores de edad, amparados por la LEPINA.
Reprimir como lo han venido haciendo ya con otras acciones y más de esta forma no va a cambiar al país y tampoco va a lograr que todo ese vomito de frases hechas, dichas en campaña, lleguen a materializarse, aunque sea un poco. En resumen, en cuestiones de calidad de vida, de derechos humanos y de progreso no estamos.