Negociar con madurez



Debemos entender que ayer los maestros y las autoridades de gobierno culminaron un difí­cil proceso de negociación que permitió un acuerdo en el que ambas partes, como corresponde a todo tipo de negociación, tuvieron que ceder en sus posiciones para permitir el punto medio que viabilizó la firma de un documento satisfactorio para todos. Desde antes dijimos que uno de los puntos de la negociación tendrí­a que ser la garantí­a de que los participantes en el movimiento no iban a sufrir represalias por sumarse a la huelga, compromiso que se vuelve «cajonero» en cualquier arreglo que se hace para poner fin a un conflicto colectivo de trabajo.

Algunos critican al Gobierno porque negoció «impunidad», lo que significarí­a que los maestros que tienen procesos por la comisión de delitos estarí­an beneficiándose con la medida, cuando en realidad se trata simplemente de evitar sanciones administrativas (no penales) a quienes se comprometieron a reponer el tiempo perdido. En otras palabras, las actas levantadas quedarán sin efecto siempre y cuando los maestros repongan el tiempo para beneficio de los alumnos, lo que nos parece un arreglo más que satisfactorio y, dicho sea de paso, un acierto del presidente Berger, quien hizo el ofrecimiento al magisterio y con ello logró destrabar la situación que existí­a por falta de acuerdos.

Cabalmente la arrogancia, la impertinencia y la ausencia de sensibilidad en la mesa de negociaciones es lo que da lugar a ese tipo de conflictos que se podrí­an evitar si las partes asumieran posturas de mayor madurez. En las relaciones entre empleadores y trabajadores debe prevalecer el espí­ritu de entendimiento y de mutuo respeto, situación que no se dio entre el Ministerio de Educación y los maestros, por lo que se llegó a la adopción de medidas de hecho que crearon un problema serio para los estudiantes de todos los niveles educativos del paí­s.

En el esfuerzo por resolver el problema, era necesario que las partes cedieran mutuamente en sus posiciones intransigentes y por ello calificar de componenda para dar impunidad a los maestros el acuerdo que permite obviar las actas levantadas a cambio de que se reponga el tiempo perdido, nos parece una muestra de la forma en que se actuó al enfrentar al magisterio desde el principio. Es decir, de intransigencia y espí­ritu confrontativo, lo que alejó las posibilidades de acuerdo.

Si queremos ver el conflicto como un campo de batalla para identificar vencedores y vencidos, tenemos que concluir que todos perdieron. El magisterio no logró todo lo que querí­a, el Ministerio dio más de lo que querí­a dar y los alumnos tendrán que prolongar el ciclo escolar para reponer el tiempo perdido. Pero el paí­s ganó porque dimos un paso en la negociación madura y el tema educativo deberá ser enfocado con una visión menos ideológica y sectaria.