Allá, en mi lejana formación magisterial -primero-, me encontré con la Historia de la Pedagogía que posteriormente enriquecí con otros estudios y lecturas.

Al decir de Herodoto, la historia como maestra de la vida, enseña y consolida los conocimientos adquiridos y mantiene viva la inquietud de profundizar más, porque como lo afirma Irvin Washington en sus Cuentos de la Alhambra, “nunca se sabe tanto para no poder aprender algo más y nunca es tarde para intentarlo.”
Con frecuencia escuchamos en discursos universitarios y en otras actividades culturales y educativas diferentes, mencionar de paso el término Alma Máter, sin ahondar en su espíritu que solo lo logramos cuando nos internamos –mare dentrum- mar adentro.
La necesidad de aprender, el deseo de enseñar y el culto al estudio, se pierden en la edad antigua porque forman parte esencial de la vida humana.
El cristianismo adoptó a su vida religiosa, la riqueza de la escuela clásica griega, conocida como la Escuela de Atenas y se convirtió en la sucesora de la escuela clásica antigua. El Papa Julio II encargó al joven pintor Rafael Sanzio la decoración de la Stanza Della Segnatura en el Palacio Vaticano. Rafael pinto cuatro frescos donde están representadas la Teología por la disputa del Sacramento; la Poesía por el Parnaso; el Derecho por las Virtudes y la Ley y la Filosofía, por la Escuela de Atenas, donde aparecen sus filósofos y matemáticos excelsos. Sócrates -el iniciador del estudio de la Filosofía- junto a Platón y Aristóteles considerados los máximos representantes de la filosofía griega. Aparecen también Zenón de Elea, Pitágoras Arquímedes, Heráclito, Diógenes, Homero, Euclides, Epicuro, Hispatía de Alejandría, la única mujer filósofa y otros insignes pensadores.
Del deseo de nutrirse de estos conocimientos, surgió la Escuela Monacal externa con una educación elemental antes de ser admitida la persona para la vida religiosa. En la interna, se estudiaron, de preferencia, las Sagradas Escrituras y otras materias relacionadas y en sentido latu sensu, fue donde el monje desarrolló toda su aptitud intelectual y religiosa.
En el silencio de los claustros monacales y en especial en su librería, los glosadores desarrollaron su maravillosa labor de compilar el conocimiento clásico humano, traducir las Sagradas Escrituras, los textos filosóficos, jurídicos y literarios de otras lenguas, para facilitar su comprensión y ponerlos al alcance de todo estudioso.
La Escuela Catedralicia o Episcopal se fundó alrededor de la biblioteca catedralicia para darle solidez al conocimiento y formación del clero en su delicada función de la iglesia y el ministerio eclesiástico. Lleva ese nombre por ser sede del Obispo y de su cátedra.
También se crearon las escuelas parroquiales o presbiteriales –llamadas así por ser sede del párroco o presbítero y donde se enseñaron las primeras letras y salmos. Carlomagno le dio impulso a la creación de las escuelas palatinas, para la formación de las personas que debían de servir al Rey y de las escuelas en general.
El exceso de maestros que no podían impartir sus clases en las Escuelas Catedralicias, impulsó al Papa Gregorio VII a desarrollar las escuelas laicas que son el embrión de las escuelas urbanas. Este nuevo giro de la educación hizo que los maestros y alumnos se asociaran en la Univeresitas Magistrorum Scholarium que fue, a la vez, el cimiento de la Universidad.
Fueron el origen y soporte del estudio, las Siete Artes Liberales, divididas en el Triviun y el Quadriviun. El Triviun significa tres caminos: la Gramática (estudio de la lengua); la Retórica (se ocupa de las figuras literarias) y la Dialéctica de la razón. Mientras que en el Quadriviun se enseñaba Aritmética, Geometría, Astronomía y Música.
Fue precisamente en la docta ciudad amurallada de Bolonia –fundada por los etruscos con el nombre de Felsina y llamada Bononia por los romanos-donde una agrupación de profesores salidos de las escuelas municipales romanas, fundaron en el año de 1088, la primera universidad europea.
Fue un centro de enseñanza superior e investigación, capaz de otorgar grados académicos y títulos profesionales. Esta casa de altos estudios desde sus inicios, fue nombrada Alma Máter Studiorum como lo recoge su propio escudo. “Universitá di Bologna: Alma Máter Studiorum, A.D. (Anno Domini) 1088-“
Alma Máter es atributo propio y exclusivo de la Universidad por ser el alma de la madre de los estudios superiores y solo la que ostenta el privilegio de pontificia, su Rector tiene el tratamiento de Magnífico.
Los tres pilares básicos de su estructura cultural, fueron: la Sagrada Escritura, la Filosofía de la antigua Grecia y la compilación de Justiniano I”
El método de enseñanza, constaba de: 1.Lectio, 2. Quaestio, 3. Disputatio, 4. Quaestiones Disputatae y Quaestriones Quodlibetales. La Lectio eran los comentarios de los textos de autoridad en tres niveles de profundidad y hermenéutica: 1. Litera, 2. Sensu, 3. Sentencia. “Cuando había dificultades de comprensión, se confrontaban las posibles sentencias e interpretaciones. Así nace la Quaestio. La elaboración de los distintos pasos que se articulaban las quaestiones, dio lugar a la Disputatio que consolidadaba el método dialéctico.”
Personajes ilustres fueron estudiantes de la Universidad de Bolonia. Entre ellos Dante Alighiri, Petrarca, Tomas Becket, Erasmo, Nicolás Copérnico y Giovanni Battista Moragagni, médico y considerado como el padre de la patología moderna. Desde un inicio se destacaron las escuelas de Humanidades, de la que se desprendió, la escuela de Derecho.
La Universidad de Bolonia “En la Edad Media, fue famosa en toda Europa por sus escuelas de Humanidades y, especialmente, la de Derecho, donde se enseñaba tanto canónico –con las figuras de Graciano y su Concordia Discordántium Cánonum– como civil –destaca aquí la obra de Irnerio–. Los maestros de Bolonia llevan al Derecho a una época de esplendor en Europa provocando su independización como ciencia jurídica de la Retórica y reintroduciendo plenamente los preceptos y figuras del Derecho Romano. Es de esta escuela científica de la que surgirán eminentes discípulos conocidos como glosadores, es decir, expertos en el sistema de la glosa. Todos estos autores se ocupan del conjunto del derecho justinianeo, de lo que será llamado el Corpus Iuris Civilis, y muy especialmente del Digesto. Tenían una doble y humilde tarea, glosar estos textos, es decir, aclarar o vulgarizar el profundo sentido de sus preceptos y sintetizar estos compendios accesibles llamados sumas, entre las que destaca la del maestro Irnerio.”
Se destaca –también- la notable formación jurídica en el derecho canónico, así como la enseñanza de la gramática y la retórica.
Su historial es riquísimo que sirvió de modelo para la fundación de otras universidades de tan alto prestigio académico, como ésta y al correr del tiempo, es la Universidad de Bolonia, Alma Máter Studiorum, la que inició –en nuestros tiempos- la reforma universitaria.
En el año de 2012 en la ciudad de Palencia España, Alfonso VIII de Castilla, eleva el Studium Generale a la categoría de Universidad, siendo la primera de España. En el Studium Generale en 1184 hizo sus estudios Santo Domingo de Guzmán. Se enseñó Teología y Artes, el Trivium y Quadrivium.
La Real y Pontificia Universidad de Salamanca –Universitas Studi Salamanticensis- data del año 1218 (ya organiza la celebración del su 8º. Centenario), cuando el rey Alfonso IX de León, elevó a Estudio General del Reino la escuela Catedralicia. Se impartieron las cátedras de derecho canónico, civil, filosofía, lógica, gramática y por primera vez medicina. El Rey Fernando III le otorgó mediante Real Cédula del 8 de mayo del 1254, el rango de Universidad y la dotó, además de sus rentas y de un bibliotecario. El Papa Alejandro IV, le concedió el 15 de julio de 1255 su escudo y el 22 de septiembre del mismo año, reconoció la validez universal de los grados otorgados.
Observe el lector la importancia que -desde entonces le dio el Rey Fernando III, a la sólida formación profesional- con respaldo de una biblioteca y la guía de un bibliotecario.
Desde sus inicios acuñó el lema: “Quod natura non dat, Salmantica non praestat.” Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta, para significar que Salamanca no puede hacer milagros cuando el estudiante carece de la vocación y capacidad intelectual necesaria para los estudios superiores de una profesión.
Fue profesor de dicha universidad, San Juan de la Cruz cuando tenía el nombre de Fray Juan de Santo Matía.
Las envidias y las rencillas humanas entre las órdenes religiosas y también entre los profesores, llevó por largos cinco años a la cárcel de Valladolid, a fray Luis de León por haber traducido del hebreo al lenguaje vulgar sin permiso previo, el Cantar de los Cantares. Al volver a su aula, dijo esta famosa frase: “Decíamos ayer…” En la pared de la celda, dejó escrito este verso: “Aquí la envidia y la mentira/ me tuvieron encerrado./ ¡Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado,/ y, con pobre mesa y casa,/ en campo deleitoso,/ con sólo Dios se compasa/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado, ni envidioso.”
Larga es la lista de ilustres que se formaron en las aulas salmantinas. Basta mencionar a Francisco de Vitoria, precursor del derecho internacional; Luis de Góngora; Hernán Cortés conquistador de Nueva España; Mateo Alemán; Fernando de Rojas autor de la Celestina y los tres rectorados de don Miguel de Unamuno.
En las Indias Occidentales, las Universidades de la Hispaniola (Santo Domingo, República Dominicana) y la de San Marcos en Lima, Perú, se disputan la primacía.
La Universidad de Nueva España –México- data del 21 de septiembre de 1551 y la de Santiago de Guatemala del 31 de enero de 1676. El Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino regenteado por los dominicos, fue elevado a la categoría de Universidad bajo la advocación de San Carlos de Borromeo y Santa Teresa de Jesús. Gozó de los privilegios de Real y Pontificia. Fue fundada según el modelo de la universidad salmantina y los estudios de humanidades gozaron de importancia, así como el derecho canónigo y especialmente la cátedra de prima de medicina. El eminente Dr. Manuel Avalos y Porras elevó a un alto rango los estudios de medicina, al ser el primero que en las Indias Occidentales y aun de España, enseñó por primera vez antes de 1744, la Circulación de la Sangre.
En su escudo se lee: “Entre las Universidad del Mundo, es Conspicua la Universidad de San Carlos de Guatemala
El edificio de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, en la ciudad de Santiago de Guatemala, fue vecino del Colegio Tridentino y el mismo trazo siguió en la Nueva Guatemala de la Asunción. El edificio de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, es hoy un museo y lo que fue el Colegio Tridentino es donde funciona el Instituto Central para Varones.
Siendo la Universidad el alma de la madre de los estudios superiores, el Dr. Carlos Martínez Durán, luchó por defenderla y enaltecerla a tal extremo que su vida profesional está profundamente vinculada con la Universidad de San Carlos en sus dos fecundos rectorados.
A la entrada de la Ciudad Universitaria, hizo colocar para las nuevas generaciones, este elocuente mensaje. “UNIVERSITARIO. Esta ciudad te pertenece, edifica en ella tu presente, para que las generaciones futuras puedan aquí colmar su espíritu de sabiduría. Que tu vida académica sea sagrada, fecunda y hermosa, no entres a esta ciudad del espíritu sin bien probado amor a la verdad y a la libertad. Dr. Carlos Martínez Durán.”