Diezmada por una terrible hambruna en los años noventa, Corea del Norte tiene siempre abierta la herida de una crisis alimentaria crónica, que ni siquiera logra cerrar con el reciente incremento de la ayuda internacional, afirman los expertos.
Sólo el 17% del territorio norcoreano es cultivable, lo que significa uno de los índices más bajos del mundo. Por eso no es extraño que una vez que se sale de Pyongyang, hasta el menor campo esté cultivado; y encima, de forma manual.
«Corea del Norte sufre un déficit alimentario crónico debido a problemas estructurales para cuya solución se necesitarían años», subraya Jean Pierre de Margerie, director del Programa Alimentario Mundial (PAM) en Corea del Norte.
El país vivió su peor época entre 1995 y 1999, cuando una hambruna dejó entre 800 mil y dos millones de muertos, según cifras de fuentes independientes.
Para hacerle frente, el PAM recaudó 2 mil millones de dólares correspondientes a cuatro millones de toneladas de alimentos entre 1995 y 2005, con los que cubrió las necesidades de sólo un tercio de la población.
El hambre, causado a veces por sequías, otras por devastadoras inundaciones, y el final de la ayuda soviética tras la desaparición de la URSS ha dejado una huella indeleble entre los norcoreanos.
Los grupos más vulnerables son los niños pequeños y las mujeres embarazadas.
Según un informe del PAM y la UNICEF, el Fondo de la ONU para la Infancia, que data de 2004, el 37% de los niños norcoreanos sufren de malnutrición crónica.
A finales de marzo, Pyongyang pidió al PAM un aumento de sus ayudas ante un déficit alimentario de un millón de toneladas, es decir, el 20% de las necesidades nacionales.
Según el PAM, un tercio de los 23 millones de norcoreanos podría necesitar una ayuda alimentaria antes de la próxima cosecha, pese a que el régimen comunista de Pyongyang considera garantizar el alimento su principal prioridad.
En todo caso, el responsable del PAM precisa que, por el momento, «aún no existe el peligro de una nueva hambruna, pero si la tendencia continúa, estará muy extendida la malnutrición grave».
«El problema es el acceso a los alimentos, el sistema de distribución más que la producción agrícola», consideran ciertos observadores.
El PAM, sin embargo, destaca cómo tras unas buenas cosechas en 2005, 2006 fue un año «muy difícil» y 2007 se anuncia también crítico.
Sobre todo porque a las inundaciones de 2006 se le añadieron las sanciones internacionales como la suspensión de las ayudas surcoreanas y la disminución de la ayuda china después de que Pyongyang realizase en el otoño de ese año su primer ensayo de una bomba nuclear.
Pese a que Seúl acaba de reanudar sus suministros de arroz a sus vecinos norcoreanos, el PAM criticó la falta de entusiasmo de las donaciones internacionales a Pyongyang.
En 2007, los países donantes sólo prometieron 12 mil toneladas. El organismo de la ONU sólo recibió el 20% de la financiación de su actual programa, con lo que sólo alcanza a ayudar al 3% de la población (equivalente a 600 mil norcoreanos) contra su objetivo inicial de 1,9 millones de personas.
El PAM, además, también denunció que la ayuda internacional refleja un fenómeno de «sanciones escondidas», pues «en buena parte está relacionada con las negociaciones» sobre el programa nuclear, deplora De Margerie.
«Pero un bebé de ocho meses o una mujer embarazada no hacen política. Es la población civil más vulnerable la que paga el precio», resumen.