De confirmarse que la Corte de Constitucionalidad da su visto bueno para la ratificación del convenio que crea la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, los guatemaltecos tendríamos hartas razones para celebrarlo y congratularnos de la posibilidad de dar un paso firme en la dirección correcta para iniciar el combate a uno de los peores flagelos que sufrimos en el país. Nada tan dañino para nuestra sociedad como la persistente impunidad que es el aliento principal para que todos los días se cometa una extraordinaria variedad de crímenes, desde los más corrientes y comunes hasta los más crueles o sofisticados.
Cuando un alto funcionario de la ONU dijo que Guatemala era el paraíso ideal para cometer un asesinato, no estaba exagerando sino expuso una dramática realidad porque las estadísticas confirman que en nuestro país no se logra condenar ni a un ínfimo porcentaje de los criminales. Aquí la excepción es la captura, el proceso y la condena de algún delincuente y por lo general ocurre cuando el violador de la ley no tiene ni los agarres ni contactos como para utilizar esa generosa impunidad que existe y que protege a todo tipo de criminales.
Si se analizan las estadísticas y se contrasta con el tipo de delitos que se persiguen con mayor «eficiencia», veremos que en Guatemala corre más riesgo de caer preso un ladrón de gallinas que un asesino o un ladrón de millones. Nuestra justicia no es ciega, pero el problema no estriba sólo en los tribunales, sino que en todo el proceso de investigación que es donde la impunidad tiene sus raíces y donde se afianza de manera estructural.
El Ministerio Público se verá fortalecido en sus funciones y en su capacidad de actuar por la cooperación que representa esa Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala. Lejos de ver a ese ente como una intromisión extranjera en asuntos nacionales, hay que verla como un aporte tremendo de la comunidad internacional para combatir uno de los males mayores del país. No existe, creemos firmemente, problema de envergadura similar porque la impunidad es fuente de muchos, si no de todos, los males que sufrimos porque aquí nadie es responsable por nada. La impunidad se manifiesta desde las cosas más sencillas de la vida diaria, mediante una cultura de evasión en todo el sentido de la palabra, hasta en las cosas más tremendas como puede ser el irrespeto al derecho a la vida y la corrupción.
La Hora ha sido históricamente en sus casi 87 años de vida un instrumento de fervorosa defensa de la soberanía nacional. En este caso, reconociendo nuestra debilidad institucional y estructural para combatir la corrupción, no dudamos en acoger como un aporte invaluable para el país, la constitución de la CICIG que será posible gracias a que la Corte de Constitucionalidad despeja el camino para ratificar el convenio.