“La delincuencia organizada está metida en muchos otros delitos”


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El embajador de México en Guatemala, Eduardo Ibarrola, en la recta final de su misión diplomática de cinco años en el país concedió una entrevista a Diario La Hora, en la que refiere su balance sobre la relación bilateral, la perspectiva mexicana sobre el narcotráfico y la necesidad de fortalecer las instituciones de justicia en la región. Ibarrola deja el país el último día de este mes.

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¿Qué diferencias, en materia política y de seguridad, encuentra en Guatemala, desde su llegada hasta el día de hoy?

Estimo que en estos cinco años, Guatemala ha seguido siendo como cuando llegué; una democracia, con gran participación política de muchos sectores, pluralidad que se representa en su Congreso.

Una de las cosas que más he notado, que tiene énfasis importante, es la libertad de expresión. Creo que los medios y en general, las universidades, tienen y gozan de una muy importante libertad de expresión que es parte esencial de la democracia y que es muy valiosa.

Por otro lado, habiendo presenciado dos procesos electorales. Me pareció que fue importante que fueran legales y transparentes. Los resultados se aceptaron sin mayor conflictividad, salvo algunos incidentes municipales que despiertan mucha efervescencia.

No me queda la menor duda que Guatemala es un país democrático, como todas las democracias perfectibles, pero donde hay intensa participación política a nivel municipal y nacional.

En el campo de la seguridad, la verdad es que desde cuando llegué, había una preocupación muy grande en la población guatemalteca por la proliferación de la delincuencia ordinaria. Sobre todo en el campo de delitos de robo a mano armada, en áreas urbanas, zonas donde la gente va a trabajar; robo de celulares, laptops y la proliferación de las extorsiones, que creo ha sido una preocupación muy profunda.

Todo esto en el marco de la violencia que se presenta por las pandillas juveniles, el narcotráfico y en general la violencia organizada. Desde que llegué vi preocupación del guatemalteco ordinario por esta criminalidad común y corriente que se da en las calles, sobre todo de la ciudad capital. Preocupación de perder la vida por el robo de un celular, por ejemplo. Pero eso ha sido una constante en estos cinco años.

¿Cuál es su balance sobre la relación bilateral entre Guatemala y México?

Positiva y perfectible. Muy intensa y variada. Prácticamente todos los temas que nos podamos imaginar son parte de la agenda bilateral: seguridad nacional y civil, migración, frontera, comercio, inversiones, medio ambiente, prevención de desastres, cooperación técnico-científica, educación, cultura. Todos.

Eso mismo noté, porque venía de Washington, y para mí, llegar a Guatemala me dio la oportunidad de ver a México desde la frontera norte y ahora desde la frontera sur. La relación México-Guatemala es tan intensa como la que tiene México con Estados Unidos.
Lo que estimo y he reflexionado en estos años, es la posibilidad de explotar aún más el potencial que tiene esta frontera común, la vecindad y todo lo que nos une como guatemaltecos y mexicanos.

¿Cuál es su consideración sobre los problemas de violencia y corrupción que genera el narcotráfico en la región?

El narcotráfico, es una expresión de la delincuencia organizada, pero no la única, porque la delincuencia organizada está metida en muchos otros delitos, como el tráfico de seres humanos, la trata de mujeres y niños con fines de explotación laboral y sexual, secuestro, extorsión, homicidio, tráfico de armas.

Es un fenómeno delictivo transnacional que ha afectado profundamente a esta región, porque estamos ubicados donde prácticamente tenemos un extremo. La producción de una droga muy demandada, como la cocaína, que solo se produce en países andinos; trasiego por nuestros territorios, hacia el gran mercado que es Estados Unidos, aun cuando hay algunas divisiones hacia Europa.

Lo cierto es que estamos ubicados es una zona donde tenemos ese tránsito de la fuente de producción al gran mercado de consumo. Pero lo mismo sucede con el fenómeno de la migración irregular, por ejemplo. Estamos en países de tránsito, a donde vienen migrantes desde muchas latitudes de la Tierra, que pretenden introducirse de manera irregular al gran mercado laboral también es Estados Unidos.

Es otro fenómeno que genera criminalidad, porque los traficantes de seres humanos son criminales, que violan las leyes y afectan el orden jurídico y también la seguridad de muchos migrantes.

¿Cuál es su posición frente a la propuesta del presidente Otto Pérez Molina, de buscar nuevas rutas contra el narcotráfico?

Todo tema tan sensible, como la delincuencia derivada del narcotráfico, debe ser analizado y debe haber compromiso de todos los países por buscar alternativas a una lucha que se está dando, y encontrar, si esto es posible, soluciones diferentes para hacer frente a la delincuencia organizada, que se nutre con cantidades muy fuertes de dinero con las drogas.

Pero, no es el único delito que la delincuencia comete. Una de las preocupaciones centrales que debemos tener a nivel regional, es la vulnerabilidad y debilidad de nuestras instituciones de justicia. Un reto importantísimo que tiene México, los países de Centroamérica, Guatemala incluida, y muchos otros en el hemisferio, es fortalecer las instituciones y hacer prevalecer el estado de Derecho. Hacer cumplir las leyes.

Vemos con qué facilidad se violan las leyes en la región. No solo lo relacionado con el tráfico de drogas sino todas. Y esto genera invariablemente una situación de caos, donde la aplicación de la ley es para unos cuantos y una mayoría muy grande la está violando constantemente.

El tema de las drogas tendría que ser tratado con serios y muy profundos estudios médicos, porque la accesibilidad a las drogas de parte de la juventud, siendo sustancias profundamente adictivas, tiene que tener un respaldo médico, porque evidentemente son sustancias que causan daño al organismo.

Pero también hay sustancias sumamente adictivas como el tabaco, con la que ciertos países han mostrado éxito en su lucha. Gracias a campañas educativas y leyes muy fuertes contra su uso en lugares públicos.

El pensar en que las drogas tengan acceso legal, tiene que llevarnos, necesariamente, después de un muy serio estudio médico del problema adictivo, porque para muchas personas no es tan fácil dejar las drogas como la voluntad propia.

Hay que pensar en todas esas consecuencias y sobre todo la preocupación de que los niños, o cada vez más jóvenes, están teniendo acceso a drogas, incluido el alcohol, y eso es muy preocupante.
 
¿Por cuánto tiempo más considera que México continuará con la lucha armada contra el narcotráfico como hasta ahora?

Estimo que difícilmente un gobierno mexicano pudiera permitir que la delincuencia prevaleciera o se hiciera del poder en México. Creo que lamentablemente es una lucha que se está dando para que prevalezca el estado de Derecho y las instituciones contra un grupo que está violando la ley. La expresión del narcotráfico es una de las más importantes en términos económicos, pero no es la única, y lo estamos viviendo en México.

Gran parte de la violencia que se ha visto, es entre grupos peleándose por mercado de droga o de extorsiones, o por hacer prevalecer su derecho de piso en algunas regiones del país, por ejemplo, y evitar que otros competidores ingresen a él.

Son grupos que están y actúan fuera de la ley y creo que el Estado mexicano, como ningún otro, Guatemala por ejemplo, pudiera permitir que esos grupos criminales se hicieran del poder en nuestros países.

¿Cuál es su lectura sobre la evolución del narcotráfico en Guatemala?

Creo que es a nivel de la región, porque no es solo el caso de Guatemala. Ya desde hace muchos años tiene un problema serio de la presencia del narcotráfico. No es un fenómeno nuevo o reciente, ni se debe tampoco a que los narcotraficantes se hayan venido para acá porque los han golpeado en Colombia o México.

La región, por la situación geográfica, ha tenido desde hace mucho tiempo presencia importante de grupos de criminales dedicados al trasiego de drogas y muchas otras cuestiones, como seres humanos y armas.

¿Considera que Los Zetas tienen control de partes del territorio guatemalteco?

Desde hace mucho tiempo, años o lustros incluso, hay presencia de grupos criminales de otros países en Guatemala. Posiblemente de Sudamérica y desde luego de México, que son socios o competidores de los grupos de origen guatemalteco.

Es difícil hablar de nacionalidades en estos grupos, porque además se mueven por las fronteras libremente y reclutan individuos de varias nacionalidades.

Lo cierto es que hay un movimiento internacional de estos grupos criminales que requiere de atención y cooperación internacional.

Según el Ejército, hay más de 20 puntos ciegos entre Guatemala y México, ¿Qué acciones implementó junto con el gobierno de Guatemala, en las fronteras comunes para combatir esa porosidad?

Son más puntos. Hay porosidad buena y mala. La buena ha permitido que haya un tránsito importante de personas entre ambos países que generan una derrama económica interesante. Pero por otro lado, habría que ver por qué proliferan los pasos ciegos. Una de las explicaciones es la falta de buena infraestructura, para que quienes cruzan la frontera lo hagan legalmente.

Por ejemplo, en La Mesilla-Ciudad Cuauhtémoc, tres días de la semana se vuelve un mercado. Ahí nadie puede pasar porque está cerrado. Más que un cruce es un mercado. Entonces, quienes tienen necesidad de cruzar en esa región, tienen que hacerlo en un cruce informal porque el otro está bloqueado por los comerciantes. Es un ejemplo de cómo las mismas circunstancias de tolerancia de la presencia de gente que obstaculiza la vía pública, empuja a los que necesitan transitar legalmente para que lo hagan por un paso ciego.

Lo que tenemos que trabajar en ambos países es mejorar la infraestructura fronteriza. No sellar la frontera. Eso no es recomendable. Pero sí facilitar las cosas a quienes usan la frontera y a los habitantes de esos lugares, asegurar cumplir con la ley.

La porosidad mala, por ejemplo, casos de migración hacia Estados Unidos, donde en los últimos años, hubo reforzamiento de la seguridad en la frontera, que hace verdaderamente muy costoso que los migrantes se introduzcan de manera irregular a ese país. La tendencia es entrar, quedarse y luego llevar a la familia.

En cambio, nosotros vemos con el fenómeno migratorio de los trabajadores guatemaltecos, entre México y Guatemala, que los trabajadores van y vienen y las familias se quedan en Guatemala. O a veces van a México y luego se regresan. Esa porosidad permite circularidad laboral muy importante.

¿Y la porosidad que permite el contrabando?

El contrabando entre ambos países es en función del mercado. Cuando el precio del azúcar es muy alto en México, el azúcar de Guatemala se va para allá. Cuando el precio de la gasolina es más alto aquí, viene gasolina mexicana.

Tenemos un solo mercado y tenemos que tener un esquema de cooperación entre ambos países, que nos permita reconocer que hay un mercado fronterizo que obedece a las leyes de la economía de precios. No hay de otra. Es muy difícil vigilar una frontera de casi mil kilómetros.

El contrabando también tiene mucho que ver con lo que se haga en el interior de nuestros países, por ejemplo en la facturación. ¿Por qué hay individuos que venden gasolina sin factura?, porque seguramente es contrabandeada. Entonces ahí puede la autoridad guatemalteca aplicar la ley. Lo mismo sucede con México cuando  el azúcar se contrabandea.

Son las autoridades fiscales y tributarias las que tienen una importante atribución de evitar ese contrabando, no necesariamente con vigilancia en la frontera, pero sí con vigilancia al interior de nuestros países e información de inteligencia.

En Guatemala, algunas organizaciones de la sociedad, argumentan que a su paso por México, los migrantes sufren violaciones a sus derechos humanos, ¿qué opinión tiene sobre esto?

No hay nada que justifique que a los migrantes se les violen sus derechos humanos. Es muy clara la política del Estado mexicano, de un pleno respeto a los derechos humanos y a la dignidad de los migrantes como personas.

El migrante que viaja sin documentos por México para ingresar de manera ilegal a Estados Unidos, es un migrante muy vulnerable a la acción de organizaciones criminales, porque no lleva documentos. Porque va dirigido por organizaciones que tienen ramificaciones en todos los países, tanto en el que salen, transitan y llegan.

Lamentablemente el gran mercado laboral, que es Estados Unidos, no ha logrado consolidar una reforma migratoria, que permita invitar a todos esos trabajadores que le hacen falta. Y mientras ese país tenga cerrada la frontera a todos estos migrantes que tratan de introducirse sin documentos, se genera un problema de tráfico de seres humanos en la región, que no solo comprende a los guatemaltecos, centroamericanos y mexicanos. Vienen personas de todas las latitudes, cuyo objetivo es introducirse a Estados Unidos vía Guatemala y México.

¿Considera que Guatemala y México deben unir esfuerzos para buscar beneficios para los migrantes que sufren violaciones a sus derechos?

Debemos tener una política migratoria congruente, en ambos países, para evitar que migrantes de otras latitudes  que intentan introducirse a Estados Unidos sin documentos por México sufran en nuestros territorios. Y hemos visto aquí casos de rescates realizados por la Policía, donde tienen a migrantes prácticamente secuestrados.

México lo que ha hecho, en los últimos años, es otorgar papeles a todos aquellos que quieren trabajar procedentes de Guatemala, en la zona de la frontera. Es un ejemplo de cómo podemos cooperar y disminuir el número de migrantes irregulares.

¿Qué pueden y deben hacer nuestros países para ofrecer a nuestra gente mayores oportunidades que disminuyan la migración?

Lo único que logra combatir el desempleo son las inversiones, fuentes de trabajo. En la medida que el mexicano y guatemalteco encuentran fuentes de empleo en sus propios países, no emigran. Casi nadie emigra por querer irse. Lo hacen por necesidad o porque van a ganar más dinero afuera.

La única regla que aplica es lograr inversiones productivas dentro de nuestras economías. Y ahí es donde juega un papel muy importante el tener mayor integración económica de México con Centroamérica. Tener mayor infraestructura, que ayuda muchísimo en la creación de nuevas fuentes de empleo.

¿Cómo ve usted, como miembro de la comunidad internacional, el papel que empezó jugando la CICIG y el que juega ahora, que parece más tímido y discreto?

La CICIG es un organismo creado por un convenio entre Guatemala y Naciones Unidas. No fue una imposición de la comunidad internacional sino una voluntad clara del Estado guatemalteco de adoptar un modelo interesante de apoyo a las instituciones, porque la CICIG está apoyando al Ministerio Público, no sustituyéndolo.

Ha tenido etapas como todas las instituciones. Creo que la labor de difusión mediática que hubo en el principio fue muy útil, porque se avanzó en cambios legislativos y en crear conciencia en el fortalecimiento de las instituciones.

Ahora la CICIG sigue llevando a cabo investigaciones eficaces de delitos y además preparando al Ministerio Público, policías e investigadores guatemaltecos, para ir dejando un legado importante de gente que esté capacitada por la propia institución.

Es un modelo muy interesante, que probará su eficacia en la medida que haya sido capaz de dejar un legado de buen entrenamiento y capacitación de profesionales guatemaltecos, que son los que se van a quedar aquí trabajando, porque obviamente la CICIG es temporal. Algún día ya no habrá CICIG.

Otro legado que está dejando, es la necesidad de tener protección adecuada. Tanto a fiscales y policías como a jueces. Porque se están enfrentando a enemigos violentos, que no dudan en causar daño a las autoridades y es una importante aportación que se hizo en años anteriores, con la creación de jueces especiales en delincuencia organizada.

¿Cree que cuando concluya el tiempo de la CICIG, las instituciones de justicia del país den sus propios resultados y Guatemala no tenga que recurrir a la comunidad internacional para solucionar sus propios problemas de justicia?

Estimo que la labor en estos años ha sido fructífera. Sin duda, el aprendizaje que se ha tenido es muy importante, no solo de parte de Guatemala sino de otros países que hemos seguido la labor de la CICIG. Es un esquema de cooperación internacional muy novedoso e interesante, además de atractivo, sobre todo en términos de que no sustituye sino complementa el esfuerzo nacional.

Por último, ¿qué va extrañar de Guatemala?

Lo que más voy a extrañar es su gente. Hice gran cantidad de amigos con los que pienso seguir en contacto. Han sido de lo más hospitalarios conmigo. Eso que me decían de que los guatemaltecos no se llevan con lo mexicanos, a lo mejor es en los partidos de futbol, pero la hospitalidad que he recibido y los amigos, es lo que más voy a extrañar.

También, el maravilloso clima que tiene, la belleza del país. Su comida, las expresiones artísticas, su música, pero la gente es lo primero que voy a extrañar.

“Todo tema tan sensible, como la delincuencia derivada del narcotráfico, debe ser analizado y debe haber compromiso de todos los países por buscar alternativas a una lucha que se está dando, y encontrar, si esto es posible, soluciones diferentes para hacer frente a la delincuencia organizada…”

“La región, por la situación geográfica, ha tenido desde hace mucho tiempo presencia importante de grupos de criminales dedicados al trasiego de drogas y muchas otras cuestiones, como seres humanos y armas”.

“También hay sustancias sumamente adictivas como el tabaco, con el que ciertos países han mostrado éxito en su lucha. Gracias a campañas educativas y leyes muy fuertes contra su uso en lugares públicos”.