Cuando los maestros asumieron la decisión de ir a paros y presionar con medidas de hecho, actuaron con pleno conocimiento de su postura y de las consecuencias que ella podría generar en el marco legal del país, por lo que una decisión del Congreso que ordene amnistiar a los educadores que incurrieron en faltas administrativas por esa razón está fuera de lugar. Entendemos que todo proceso de negociación colectiva de condiciones de trabajo, cuando obliga a presionar mediante una huelga que no es declarada legal, hace que los trabajadores incluyan en los términos del acuerdo una garantía contra las sanciones y represalias que puedan derivarse del conflicto, pero eso es un acuerdo puramente administrativo y no requiere de sanción legal mediante una amnistía.
Pésimo precedente es que el Congreso, donde se juegan por excelencia los intereses políticos, decida otorgar amnistía en un conflicto de carácter laboral porque ello forma parte de toda la negociación que tienen que realizar las partes enfrentadas. La amnistía tiene que ser un recurso verdaderamente extraordinario cuando políticamente convenga a los intereses nacionales extender el perdón a quienes han incurrido en delitos, pero la decisión de aplicarla tal y como ahora pretenden algunas bancadas no se encuadra en el espíritu de los constituyentes cuando establecieron ese mecanismo.
En este año electoral, cuando muchos perciben al magisterio como una presa atractiva para captar votos, es natural que los partidos políticos traten de quedar bien con los educadores, pero hay que entender que la institucionalidad tiene que ser antepuesta a cualquier consideración y que el precedente será funesto porque en adelante las fuerzas parlamentarias se verían forzadas a ceder a cualquier tipo de presión y ello no es bueno para la democracia ni, mucho menos, para la consolidación de nuestras instituciones.
El clientelismo político no es sano y da siempre municiones a quienes pretenden destruir a las instituciones políticas del Estado. Esta amnistía es un clarísimo ejemplo de cómo funciona ese clientelismo y de sus consecuencias, puesto que ello sí implica intromisión de un poder del Estado en las atribuciones específicas de otro. Porque las faltas administrativas, que serían en todo caso lo ocurrido cuando los maestros se ausentan de sus labores, tienen que resolverse administrativamente y no mediante leyes casuísticas que tienen la finalidad de quedar bien con un sector que parece interesante y atractivo desde el punto de vista electoral.
Además, ningún partido puede presumir de la paternidad de la amnistía porque se requiere del concurso de varios de los que tienen representación parlamentaria. Entonces es iluso suponer que uno de ellos captará todo el voto del magisterio que, repetimos, tiene que negociar como parte del conflicto la garantía contra sanciones y represalias.