Suicidios de niños y adolescentes


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Ocurren a diario tantos sucesos que causan alarma, entre ellos los suicidios de la niñez y adolescencia, de gran impacto anímico. Provocan una situación sumamente crítica un largo tiempo, merecedora impactante de encontrarle solución a tan tremendo problema. Sin embargo, sucede otro nuevo y el porrazo de inmediato hace olvidar el anterior mencionado.

Juan de Dios Rojas


Así es el discurrir en el ambiente tenebroso en Guatemala, referente a la época actual, agobiada de acontecimientos sumamente difíciles. Son de naturaleza complicada, resultando un verdadero rompecabezas. Urgidos por lo tanto de integrar un frente sólido y decidido a entrarle de lleno a dicha cadena recurrente de ecuaciones escurridizas en resumen de verdad.

Golpes furibundos salen a escena doliente en alto grado, empero las víctimas resultan elementos sociales de gran valía. Atañen, reitero a la niñez y adolescencia, para algunos sectores conforman el futuro de la Nación, pero a criterio del resto, significan ni más ni menos el presente. Esto último alcanza y significa prioridad uno darle la debida atención.

Esto y mucho más sacan a luz el derrumbamiento social humano, constituyen giros asombrosos dirigidos hacia la pérdida contundente de valores sin igual. Vienen a ser en forma espantosa un estado de cosas nunca antes visto, que evidencia el retroceso bárbaro, atinente a los núcleos ya señalados, en precipitado colapso potencial, a punto inminente de estallar más y más.

El panorama asombra, urge en consecuencia sean adoptadas medidas y mecanismos en su defensa y protección mediática. Sobre todo la orientación adecuada sin más tiempo que perder; librándolos de caer más elementos de la misma naturaleza en las redes sutiles de un falaz bienestar. Inclusive emprender acciones que tiendan a rescatarlos cuanto antes como un SOS.

Pero ante los exasperantes casos que amenazan con el obligado colapso hay respuestas válidas, dignas de aplauso sonoro y sincero. Recién vemos imbuidos de beneplácito significativo, como la propia juventud en cifras de millares que luchan denodadamente por coadyuvar al ingente problema social ingente asunto de seguridad, suicidios, hambre y algo más.

No es factible ni humano que las autoridades del gobierno central se hagan desentendidos; tampoco el hecho repudiable que solo hagan anuncios orientados o dirigidos a nada más dejar pasar y pasar, sin algo concreto. Semeja caer solapadamente en el olvido, mecanismo fácil de evadir responsabilidades que tienen la gorda obligación, ajenos a zafarse del rol.

Es hora de marcarle el alto a la problemática aludida con todos sus pelos y señales, dada a conocer por los diversos medios de comunicación social, mediante el apoyo frontal cibernético, gracias a la moderna tecnología de punta, que hoy en día cuenta con infinidad de usuarios, noche y día, prendidos materialmente de este sistema supermoderno.

Tiene el mencionado caso avances notorios, tipo noticia de Primer Impacto, carente de fronteras y por el contrario poseedor de marcha vencedora. El impulso frenético es dominante, razón sin razón legítima de su protagonismo. Trae consigo una especie de imán que atrae a seguidores.

Hasta los sentimientos más empedernidos sienten el aldabonazo directo al espíritu que cala hondo y profundo, ejecuta las acciones conductuales en general. “El corazón es un puño cerrado que boxea dentro del pecho», a punto de fallar en cualquier momento en su contra.

Que nadie quede al margen respecto al tema candente. En primer término la misma familia, a la cabeza de una cruzada urgente y necesaria. Enseguidas el vecindario deberá poner su cuota coadyuvante lo antes posible. No hay tiempo que perder, después vienen lamentaciones al final.

Por ningún motivo la sociedad quede al margen; imposible actuar en condición de mero espectador. Y mucho menos empresarios e industriales, en aras de conseguir una Guatemala diferente, excluida de ese y restantes piedras en el camino y ser la horma de su zapato. Ayudemos a la juventud.