Francotiradores


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Nuestra sociedad se caracteriza por un comportamiento pendular. Es decir por un ir y venir de un punto al otro (como opuestos o antípodas). No obstante en este comportamiento el péndulo siempre se ha inclinado con mayor frecuencia a un lado en particular. El lado que promueve la defensa del statu quo. El punto aquel que beneficia la no modificación de las estructuras económicas y como consecuencia que poco o nada del poder político perturbe su “modo de vida”. En este entorno se incrustan los francotiradores.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


En el ámbito de los francotiradores existe una gama de especialidades y de descripciones. Para los efectos de la presente entrega y para centrar la atención del apreciable lector me referiré a las acciones que promueven ciertas personas lanzando ataques que buscan hacer blanco en aspectos o procesos para impactar socialmente. Es decir adaptaré la labor del francotirador, como especialista dentro de las élites militares, a la actividad de ciertas personas o instituciones que con sus “disparos” pretenden provocar cismas sociales, económicos, políticos, institucionales o todos los anteriores. Ha sido la búsqueda de transparencia en los procesos de selección de funcionarios, la “trinchera” favorita empleada por estos francotiradores sociales, para camuflarse de defensores de la probidad, de la lucha contra el tráfico de influencias, de la propiedad privada, del combate a la corrupción y del cese de la impunidad, así como de la promoción de la justicia, entre otras nobles causas. Todo encauzado sí, como camuflaje para esconder sus propias limitaciones, sus propias incompetencias, sus propias aberraciones y patologías. Nadie los eligió para ello. Nadie sino ellos mismos se promovieron para darse a conocer como defensores de la justicia, como esclarecedores del gasto público, como auspiciadores de la defensa de los derechos humanos, como expertos en procesos electorales, como expertos en armas, en procesos penales, en fortalecimiento institucional, entre otras especialidades.

Esta mañana aparece la noticia relativa a la intención del movimiento cooperativo guatemalteco por apostar a la inversión en hidroeléctricas. Ese maravilloso movimiento socioeconómico que significó el auténtico alcance de la responsabilidad social de un empresariado caracterizado por su desempeño cohesionado por la solidaridad económica, social, funcional, operativa y estructural que se traduce en los grandes saltos de la Europa de posguerra. Espero que el afán francotirador de ciertas personas y entes se pueda ver cohibido de accionar frente a esta intención de promover el desarrollo de la población mediante el incremento de la producción de electricidad de manera limpia. Espero que no encuentren “fantasmas” que castigarían a los pobladores de las comunidades circunvecinas al potencial hidroeléctrico, que en este país es vasto y aun limitadamente empleado. Toda vez que el desempeño y la mejora de condiciones de vida de los cooperativistas se fundamenta en su alcance social y teniendo como centro de su accionar a la persona humana y no a la persona jurídica.

El accionar del francotirador en más de una ocasión se justifica por la labor de zapa que lamentablemente promueven algunos de los responsables de la gestión pública. Cuando son develadas las maniobras propias del enriquecimiento ilícito no puede más que felicitarse a quienes promovieron con sus denuncias, el destape de oscuros negocios. A veces olvidamos que ese tipo de proceder también es un modo de vida. Pero en general se aplaude la denuncia. Se aplaude la revelación del corrupto. Y, evidentemente no puede ser para menos. Aunque muchas veces el esperado castigo habrá de esperar engavetado hasta el olvido.

Nuestro país, nuestra sociedad, expresaba al inicio, se ha desarrollado entre el sueño de la justicia social y la negativa a imponer nuevos paradigmas en materia de estructura económica. Para decirlo más sencillo. Nuestra sociedad se ha debatido entre la quimera de la izquierda y su desarrollo social con democracia económica y política y el autoritarismo conservador que niega toda posibilidad de ampliación de oportunidades para las mayorías. En medio, de uno y otro “bando” han estado los francotiradores, pretendiendo “construir institucionalidad y desarrollo sobre la base de la descalificación”. A veces fundada, a veces totalmente alejada de las circunstancias objetivas. A ellos, los francotiradores como que los tendremos por mucho, mucho tiempo, toda vez impere en el manejo de la cosa pública el compadrazgo, el nepotismo, pero sobre todo la mediocridad y el deleznable afán de un enriquecimiento acelerado a costas del erario. ¿Usted qué opina?