“Nos hicieron pobres”


Eduardo_Villatoro

Aunque la guerra interna concluyó oficialmente con la firma de los Acuerdos de Paz, de todas maneras dejó sus secuelas, algunas de las cuales han resultado beneficiosas para miles de familias rurales, como el caso del Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), que se inició con 17 personas, pero que a la fecha reúne a más de 25 mil asociadas, distribuidas en 475 comunidades de 14 departamentos del país, cuyas demandas más destacadas incluyen la recuperación de tierras, nacionalización de la energía eléctrica, defensa de los recursos naturales y rechazo a la contaminación minera y a los desalojos de campesinos.

Eduardo Villatoro


El CODECA está presidido por una mujer de origen mam, que despacha en una rudimentaria oficina adyacente al mercado central de Mazatenango. Es la señora Telma Cabrera, de mediana estatura, de carácter firme y andar muy presuroso.
 
Durante una entrevista que le hizo el abogado y antropólogo indígena quechua Ollantay Itzamná –que intentaré resumir–, doña Telma explica que el CODECA, mediante asambleas mensuales, realiza análisis en torno a las condiciones en que viven las familias indígenas y campesinas, puntualizando que “Nosotros no somos pobres, sino que nos han hecho pobres y vivimos en extrema pobreza”.
  
Recuerda en que su búsqueda de respuestas a las interrogantes que se formulaba acerca de las circunstancias deprimentes de su familia y comunidad, se integró al CODECA en la que fue escalando posiciones, sin abandonar sus responsabilidades hogareñas, de suerte que en 2004 la eligieron secretaria de la junta directiva, “y garabateando comencé a hacer las actas”, pues sólo estudió la primaria. Posteriormente fue elegida vicepresidenta y luego asumió la presidencia.
  
Explica que el CODECA es una organización “muy integral”, por cuanto que “La demanda de nosotras las mujeres está muy integrada dentro de todos los espacios”. Advierte que las organizaciones feministas “Nos pueden ver a nosotras como sujetas al dominio de los compañeros dirigentes; pero la realidad no es así. Yo, como las otras mujeres en CODECA, tengo mi propio punto de vista, mi propia decisión, puedo hacer  propuestas y a menudo coincidimos con las ponencias de los compañeros, sobre todo cuando se persigue el progreso de nuestros pueblos”.
 
 La junta directiva de la organización en la actualidad está integrada por 4 mujeres y 5 hombres, aunque las bases del CODECA son mayoritariamente femeninas, en vista de que muchos de sus parientes, entre esposos, hermanos e hijos “Migraron en busca de trabajo fuera del país”, lo que no ha impedido el crecimiento y el poder de convocatoria de la organización. Asegura que tienen la capacidad de “Poner nuestras demandas en la agenda nacional, en vista de que la gente, sacrificando su trabajo y con sus propios recursos, organiza y participa voluntariamente en manifestaciones”
  
Respecto al controvertido tema de la nacionalización de la energía eléctrica, la señora Telma Cabrera recuerda que en 1996, cuando el Gobierno de entonces decidió la privatización, en primer lugar, lo hizo sin consultar al pueblo de Guatemala, y en segundo término, “Nosotros no teníamos la fuerza suficiente para frenarla”. Trae a colación que antes de la privatización “Nosotros pagábamos Q7 al mes por el uso de electricidad en nuestros ranchos; pero después subieron las facturas, al extremo de que nos quieren cobrar de Q400 a Q500 mensuales ¿De dónde vamos a sacar todo ese dinero los campesinos para pagar esas sumas?, se pregunta.
  
A causa de ese desorbitado incremento, en 110 comunidades indígenas y campesinas de 8 departamentos –explica– “Hemos declarado la huelga, que consiste en no pagar la facturación de DEOCSA. Es como una alternativa para defenderse de un monstruo. El pueblo está construyendo el poder desde donde está. Es un proceso que significa  acumulación de energías y esperanzas”.
  
(Uno de los miembros del CODECA le parafrasea a Romualdo Tishudo un conocido refrán: –Pez que nada contra la corriente… muere electrocutado).