Todo cabe en la agenda de obispos


Visita. El Papa Benedicto XVI realizará una visita a Brasil para inaugurar la reunión del CELAM.

El documento que los obispos católicos de América Latina debatirán la próxima semana en su quinta conferencia en Aparecida (Brasil) abarca un amplio abanico que va desde la sexualidad y la educación hasta la globalización, la emigración y el cambio climático.


Las ideas que lo conforman fueron previamente decantadas en cientos de reuniones en los distintos paí­ses y en foros y seminarios, algunos de ellos, como un encuentro en marzo con economistas, realizados por los prelados en Roma, en un intento por sintonizar las nuevas realidades del continente.

Un llamado a los polí­ticos, especialmente a quienes se dicen cristianos, a ser más «honestos, responsables y eficientes»; la defensa de la intervención estatal ante «las fuerzas, siempre desiguales, del mercado»; y estrategias para acercarse a los emigrantes, homosexuales y divorciados, son algunas tesis que examinarán los obispos, aunque ello no significa que se las incluya en el texto final.

Cada uno de los 164 prelados participantes y de los más de 80 invitados especiales a la discusión (laicos, religiosas, teólogos, investigadores), llevarán en sus maletas o computadores el resumen en casi 160 páginas de las discusiones previas.

La crisis del sacerdocio por razones que incluyen las denuncias de pedofilia, la reiteración de que el aborto es «un crimen abominable» y la advertencia de que junto a la pobreza en América Latina crece el consumismo e individualismo de quienes tienen más ingresos ocupan apartes del documento.

«En unos paí­ses más que en otros ha habido una participación grande y entusiasmada», señala el sacerdote colombiano Ignacio Madera, presidente de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR).

Tras el debate en Brasil los aportes previos serán condensados en un documento final titulado «Aparecida» y que se sumará a los producidos en las cuatro conferencias similares que le antecedieron: Rio de Janeiro (1955), Medellí­n (Colombia, 1968), Puebla (México, 1979) y Santo Domingo (1992).

Pero, si en Medellí­n la discusión estuvo centrada en adaptar para América Latina el concilio Vaticano II, en Puebla en ratificar -con moderación- la opción preferencial por los pobres, y en Santo Domingo en proponer una nueva evangelización, en Brasil el énfasis podrí­a ser defender la vida y el planeta.

Para Madera las conclusiones de Aparecida deben apuntar de un lado, a enfatizar que «el don sagrado de la vida», no solamente la humana sino también de la naturaleza, está en riesgo en el continente, y por el otro, a acoger a las nuevas comunidades de marginales que crecen en América Latina.

«El desafí­o principal que vemos desde la vida religiosa es la defensa de la vida. La vida está cada vez más está amenazada en el continente. No solamente la humana sino también la vida de la creación, la naturaleza», subraya.

En este sentido el documento previo advierte que no atender «el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida».

Además propone impulsar, desde la catequesis, una «ecologí­a humana» que inculque «el cuidado de las cosas, la austeridad y la preocupación por mejorar los ambientes».

Pero esa ecologí­a no olvida la preocupación primordial por el hombre.

«Los casados que se divorciaron, más aún si se unieron a otro cónyuge, a las personas homosexuales, a las parejas del mismo sexo, como también a los mismos sacerdotes que abandonaron su ministerio» desafí­an a la Iglesia, que debe diseñar planes especí­ficos para esas comunidades y preparar a sus pastores para cumplirlos, sostiene el documento preparatorio.

El texto no olvida tampoco el «sufrimiento» de los millones de latinoamericanos que han emigrado a Estados Unidos y Europa, «hermanos nuestros que dejan su hábitat huyendo de la violencia o de la extrema pobreza» y pide promover la idea de «consolidar una ciudadaní­a universal en la que no haya distinción entre personas».

Cinco reuniones

RíO DE JANEIRO (1955)

Se intentó comprometer una mayor participación de los laicos y la promoción del humanismo cristiano en América Latina, que no sufrió directamente los efectos de la segunda guerra mundial pero viví­a una convulsa situación social y económica.

MEDELLíN (Colombia, 1968)

La conferencia criticó la injusticia de las estructuras sociales en América Latina, afirmó que «para conocer a Dios es necesario conocer al hombre» e hizo una «opción preferencial por los pobres», origen de la intensa discusión de la que surgió la teologí­a de la liberación. Bogotá se convirtió en sede permanente del Celam.

PUEBLA (México, 1979):

Ocurrida en el auge de las dictaduras militares, especialmente en el sur del continente, y de la guerrilla en Centroamérica, los obispos tuvieron especial cuidado de evitar un texto que pudiera usarse con fines proselitistas.

SANTO DOMINGO (1992)

El debate sobre la teologí­a de la liberación, que el Vaticano habí­a cerrado abruptamente al promover una purga de algunas de sus cabezas como el brasileño Leonardo Boff (en 1984), fue reemplazado por la propuesta de una nueva misión para revitalizar el cristianismo en el continente.