Para recordar



Lejos quedaron aquellos tiempos en que los gimnasios de lucha libre de Guatemala experimentaban un lleno total de cinco a ocho mil asistentes, cuando el Gimnasio Nacional Teodoro Palacios Flores quedaba a reventar y en más de una ocasión los fanáticos se quedaban sin poder presenciar uno de aquellos espectáculos de la llamada época de oro de los años 60 del ring nacional.

Ya en 1953 se mencionaban los nombres y sobrenombres de luchadores locales como Arí­stides Pérez, Mauro Peralta, Ramiro Iriarte (El Fantasma), Hugo Cisneros (El Maldito), Rigoberto Hidalgo (El Asesino) Bobby Rodenas, El Gato, Faki Raqui, entre otros.

Entre los extranjeros se recuerda al cubano El Negro Badú, el estadounidense Búfalo Hill y el mexicano Marco Polo. Todos ellos fueron precursores de esta disciplina deportiva en el paí­s.

Los luchadores de antaño se iniciaban en la lucha olí­mpica, porque de lo contrario no se les permití­a subir al cuadrilátero.

La mayorí­a hizo su debut en Guatemala Musical, donde pasaban el mayor tiempo entrenando, pero fue en 1950 cuando se les permitió el traslado al Palacio de los Deportes.

Uno de los máximos exponentes de la lucha libre del paí­s ha sido el inolvidable Jorge Mendoza, quien es considerado el más grande luchador de Guatemala, no por su tamaño, sino por su habilidad y destreza sobre la lona.

Incluso, para la escuela de la lucha libre mexicana Mendoza era considerado el matemático, por su espectacular y cabal actuación en el dominio de la lucha.

«No ha habido quién se plante a esta figura. Muchos peleadores han sido famosos, saben hacer muchas cosas, pero jamás van a poder imitar a Mendoza. Pueden ser más agresivos, más espectaculares, pero lo que Mendoza hizo, jamás lo lograrán», recordó el enmascarado Arriero del San Juan.

Al igual que en los Estados Unidos, la lucha mexicana continúa teniendo mucha influencia en los peleadores guatemaltecos, ya que los aztecas son considerados poseedores de la mejor escuela de enseñanza de lucha.