Turquí­a, más lejos de Europa


Ministros. El primer ministro de Turquí­a, Tayyip Erdogan (I) y el minsitro de Relaciones Exteriores, Abdullah Gul.

La crisis desatada por la elección presidencial en Turquí­a, última señal de la lucha entre la creciente influencia del islam y los principios del Estado secular fundado por Mustafa Kemal Ataturk, dificulta, incluso, más su empinado camino para tener acceso a la Unión Europea.


La candidatura a la presidencia de Abdulá Gul, el ministro de Relaciones Exteriores con un pasado islamista y una esposa que lleva velo -como el 55% de las mujeres musulmanas- ha dividido al paí­s y perturbado a las fuerzas armadas, que se declaran guardianas del legado laico de Ataturk.

Gul, único candidato en liza, estuvo a sólo 10 votos del triunfo en la primera vuelta de las presidenciales en el Parlamento el domingo pasado.

De todos modos, la votación fue anulada luego por la Corte Constitucional a pedido de la oposición, que argumentó que no se habí­a alcanzado el quórum necesario para sesionar, y una nueva primera ronda tendrá lugar este domingo.

Dos dí­as antes de la votación, el viernes 27 de abril, el ejército expresó su malestar por la candidatura de Gul en su sitio web, una movida que algunos calificaron de «ciber-golpe».

El fantasma de un golpe, en efecto, sobrevuela este paí­s donde las fuerzas armadas han derrocado a cuatro gobiernos desde 1960.

«Esta crisis tiene visos terribles de ’déjí -vu’: un choque entre el ’establishment’ militar ferozmente secular y un gobierno civil con sus raí­ces fuertemente ancladas en el islamismo, que puede fácilmente conducir a un golpe de Estado y retroceder la causa de la democracia en Turquí­a durante años», advirtió el diario británico Financial Times.

El enfrentamiento entre las fuerzas armadas defensoras de la República fundada por Ataturk en 1923, sobre las ruinas del Imperio Otomano, y el gobierno de tendencia islamista del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, aliado de Gul, preocupa a Bruselas.

«Este es un caso clave para comprobar si las fuerzas armadas turcas respetan el secularismo democrático y los acuerdos democráticos entre civiles y militares», aseguró esta semana Olli Rehn, el comisario europeo a cargo de las negociaciones con Turquí­a.

«Las fuerzas hostiles (a la entrada de Turquí­a a la UE) utilizarán los hechos que se desarrollan en este momento (…) para decir ’este paí­s es totalmente inestable y por ende no puede integrar la UE’», opinó Didier Billion, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de Parí­s (IRIS).

El lanzamiento de las negociaciones para el acceso de Turquí­a a la UE hace dos años se benefició de una inusual alianza entre seculares y religiosos: unos consideraron al bloque como una salvaguarda contra la creciente influencia del Islam, y los otros como una protección contra una excesiva secularización.

Pero hoy ambos lados están desencantados por el lento avance de las negociaciones y exhiben desgano para hacer las reformas que les reclama la UE. Algunos analistas incluso señalan que parte de la culpa de la actual crisis en Turquí­a se debe a las idas y venidas de la UE sobre la membresí­a de Turquí­a.

Sólo un tercio de los turcos apoyan actualmente la adhesión a la UE, contra tres cuartos hace dos años, indican los sondeos.

«El ultimátum de los militares es una prueba de que la UE no significa más nada para Turquí­a», consideró Cengiz Aktar, director del centro de investigaciones de la UE en la universidad de Bahí§esehir, en Estambul. «La UE tampoco tiene ninguna prisa sobre el proceso de reformas», añadió.

Un desafiante Erdogan ha llamado a legislativas anticipadas, que se celebrarán el 22 de julio, más de tres meses antes de la fecha prevista, con la esperanza de poner fin a la crisis.

Pero la amenaza de los militares ha aumentado la brecha entre religiosos y seculares, y todo parece indicar que los problemas de Turquí­a no están del todo resueltos.