Ayer el matutino Prensa Libre destacó uno de los aspectos (no es el único) más contradictorios en un país como el nuestro: aquí pretender ser un responsable contribuyente es un calvario de múltiples crucifixiones.
wdelcid@yahoo.com
La autoridad tributaria si bien es cierto ha asumido recién hace pocos días, lo cierto es que en esta como en otras dependencias, hay un personal permanente que sabe de los flujos y el tipo de solicitudes de los contribuyentes que visitan las diferentes instalaciones de la Superintendencia de Administración Tributaria. Ello hace un absurdo que se apliquen tantas absurdas dificultades para obtener información, para actualizarse, para pagar y estar al día en materia tributaria.
Es un contrasentido que al que va a pagar se le pongan tantos obstáculos. Pero es más contradictorio que se haga poco o nada para remediar esta deplorable situación. Hace poco menos de seis meses solicitar una actualización del contribuyente, o Registro Tributario Unificado, tomaba poco menos de treinta minutos. Desde mediados de febrero, la misma gestión por el absurdo de una fila única para el ingreso a las instalaciones, el mismo trámite toma de cuatro a cinco horas. Si el Superintendente de Administración Tributaria, Miguel Gutiérrez, no instruye a sus subordinados para que esta situación, en el simple ejemplo aquí mencionado, se subsane, habrán de presentarse grandes congestionamientos de contribuyentes de manera totalmente innecesaria. Los contribuyentes ya se están aglomerando en la búsqueda de resolver su nuevo estatus tributario derivado de la vigencia del Decreto Número 4-2012 y la inminente vigencia del 10-2012. Si no se toman las medidas correctivas del caso en el menor tiempo posible, la recaudación tributaria habrá de pasar por problemas perfectamente evitables. Es un insulto a la más elemental inteligencia argüir que “no se tuvo tiempo para implementar las medidas, que éste fue muy corto”, si de la propia SAT salió la propuesta que fuera aprobada a toda prisa en el Congreso de la República, mediante uno de los decretos arriba mencionados.
Por eso decía que es un absurdo con las múltiples herramientas que actualmente la informática nos provee. ¿Por qué han tardado tanto, por qué están tardando tanto en adaptar medios electrónicos de comunicación con ellos y resolver por la vía de la Internet la situación que ahora obliga a los contribuyentes a perder valioso tiempo en colas que pudieron haberse evitado si tan solo se pensase en los usuarios y desde las más altas autoridades hasta los guardias (cuyos modales dejan mucho que desear), se tuviera la más elemental “vocación de servicio”? Tal parece que es una utopía pensar que en nuestro país se piense que el servicio público es precisamente eso: un servicio al público y no una ciudadanía que se tiene que adaptar a la tiranía de la persona que “está detrás del mostrador”, cuya arrogancia, frialdad y falta elemental de atención y disposición de ayudar al usuario se hace más latente ante este fenómeno de sobre aglomeración innecesaria.
Parece que la mediocridad se ha apoderado de esa importante dependencia para la certeza financiera del desenvolvimiento del aparato gubernamental. La legalización de la desaparición del “Pequeño Contribuyente” sin la implementación adecuada de los medios y mecanismos para hacer accesible, fácil y comedido el cambio de estatus es sólo una muestra de la estupidez imperante en quienes conducen tal dependencia. Las repercusiones van más allá de la simple aglomeración de usuarios. El pago de impuestos es de por sí molesto. No propiciar medios para facilitar el cumplimiento de esa responsabilidad no hace sino dejarnos entrever que se hace más que necesaria una exhaustiva revisión de los procedimientos en la SAT, así como de la evaluación de la posesión de calidades y habilidades de quienes hoy por hoy dirigen la recaudación tributaria. Ampliar los horarios de atención es correcto, pero en es insuficiente. Como insuficiente ha sido ese oneroso gasto en campos pagados en los medios de comunicación social escrito en los que se hacía un llamado a los contribuyentes a actualizar su condición de contribuyente sin que para el efecto se implementaran las más elementales normas de atención ágil, diligente, cordial y ante todo pensando en el usuario y no en el empleado de esa dependencia.
El reto que está por delante es enorme. Ahora, en efecto ya no es tan fácil, pero aún se está a tiempo para implementar otras medidas con el auxilio, repito, de las herramientas del siglo XXI, no es posible que se castigue al contribuyente que desea estar al día, que desea hacer patria, cumpliendo con sus obligaciones y se le castigue haciendo colas que se pueden evitar. Busquen la manera de hacer que la carga tributaria no se vuelva un tormento adicional para los guatemaltecos que deseamos contribuir con el cumplimiento de nuestras obligaciones. No es posible que así se castigue al responsable. No es posible que la gente que dirige la SAT pueda seguir con tal indolencia.