Hace seis años escribí un artículo acerca de que la lectura tiene su inicio cuando el niño está en el útero. Semejante aseveración está respaldada por la neurociencia. A los seis meses de edad el feto tiene la posibilidad de escuchar lo que le dicen sus papás y oír los sonidos en su medio ambiente.
Todos sabemos que la desnutrición tiene efectos negativos en el crecimiento del niño, desde el útero, que se reflejan más tarde en el proceso de aprender a leer. La lectura se inicia en el útero porque son las experiencias ricas, habladas, las que dan la base para seguir desarrollando su oído y la cantidad de vocabulario escuchado que posteriormente utilizará en su propia expresión. Los adultos, sus papás en particular, son las personas que enseñan a los niños a leer, leyéndoles desde que el bebé en la cuna está presto a escuchar la lectura de un cuento y después escuchar la explicación del tema del cuento. Cuando se hace eso, leer a los bebés y niños en forma constante, es lo que constituye la acumulación de lo escuchado y lo aprendido del significado de las palabras y resulta ser la base de la lectura en el futuro. Antes de experimentar la lectura formal, los niños están leyendo por símbolos, especialmente aquellos que les proveen gustos de comida y diversión. Esas experiencias relacionan algo agradable con el símbolo y activan todos sus sentidos. De esta forma se asocia un concepto con una acción, con un sentimiento y con una satisfacción. Así, eventualmente, el niño y más adelante el joven experimentan la lectura.
En el proceso de crecimiento, los primeros seis años, antes de entrar a primer grado, el ambiente familiar debería tener diferentes tipos de libros en una “biblioteca” de adultos pero para niños también. En el inicio los libros infantiles serán de figuras y poco a poco se añaden letras unidas que tienen un sentido y que producen conceptos que el niño puede expresar verbalmente. La experiencia de la lectura mientras el niño está sentado en las piernas de la mamá o del papá, tiene un efecto no solamente “académico” sino afectivo también. Así las experiencias son más enriquecedoras también. El reto es que todos los niños en Guatemala tengan esas mismas experiencias en los primeros años de vida. Aquí vemos la urgente necesidad de que todo guatemalteco adulto aprenda a leer.
En la educación formal se confunde lo que es la “estimulación temprana” con que los niños deben leer a más temprana edad. Siempre enfatizo la ejercitación de las habilidades necesarias para que los niños aprendan eficientemente la lectura. No lo hago para que los alumnos ganen un examen sino porque es la base de aprender nueva información, su interpretación y la posibilidad de explicar cómo influencia ese proceso en todo lo que hace en su quehacer diario. Más información obtenida por la lectura, dará más “poder”, extender lo entendido a otras situaciones que experimenten los niños.
Es tal mi énfasis de dar las oportunidades por medio de múltiples estrategias, que doy las siguientes. Cada niño y cada joven debería tener la oportunidad de leer a diario no sólo en la clase de idioma o comunicación sino en todas las materias desde preprimaria; escuchar y hablar hasta el último año de secundaria leyendo literatura, biología, matemática; en todas las clases debería mantenerse el hábito de la lectura. Quiero decir cada niño, cada día. Si me preguntan cómo se hace en la clase de matemática, les digo que la matemática es mecánica basada en diferentes tipos de lectura. Igualmente hablé de que los niños pequeños leen por símbolos, pues así es en la clase de matemática, otra forma de leer y entender las instrucciones y luego leer los “problemas a resolver”. Todo es un proceso de lectura.
Cada pared de un aula y las paredes fuera, deben tener rótulos alusivos al estímulo de leer para que todos los días los alumnos puedan ver que hay énfasis en la lectura. Cada alumno puede conseguir cuentos u otros libros a su nivel para formar una biblioteca en el aula y luego organizar un rincón de lectura con metas claras y entendibles por los alumnos. Mientras los alumnos están aprendiendo a leer con mayor pericia, también están ejercitando las habilidades de la jerarquía de pensamiento de Benjamín Bloom y las funciones ejecutivas de la corteza pre frontal del cerebro.
Un paseo rápido de esas habilidades, nos dice que la elemental, es recordar. Si el alumno no puede recordar lo que lee, no puede avanzar en el proceso de lectura. Eso afectará al resto de sus clases. En segundo lugar están las habilidades de entender/comprender. Aquí los alumnos tienen que construir su propio significado de la lectura, su interpretación muy particular. Algunas de las funciones ejecutivas involucradas en esa construcción son, clasificar, inferir, comparar y explicar lo leído. Basado en lo anterior, el alumno puede ejecutar o implementar un proceso para resolver problemas, es aplicar lo leído a situaciones nuevas. Las partes de una lectura son usadas para ver la relación entre sí y cómo se forma un todo. Eso es analizar lo leído.
De nuevo, las funciones ejecutivas son, diferenciar, organizar y atribuir las partes que forman las ideas y conceptos de lo leído. Los criterios mentales que juzgan el valor y los propósitos de lo leído, es el proceso de evaluar. La última habilidad de pensamiento de Bloom, es la de CREAR. Las funciones ejecutivas de la corteza pre-frontal son, entre otras, generar, planificar y producir algo creativo, nuevo, oral o por escrito, basado en la lectura de cada alumno. Es por eso que se habla de los aspectos individuales en el proceso educativo de los niños y de los jóvenes.
La lectura es mucho más importante y por razones muy diferentes, que simplemente ganar un examen. Espero que todos hayan conseguido un libro para su biblioteca personal el día del libro, 23 de abril; sobre todo deseo que lo estén leyendo.