El técnico del Barcelona dará a conocer, en las próximas horas, si continúa, o no, al frente del combinado azulgrana la próxima temporada.
Con la Liga prácticamente perdida y la eliminación de la Champions League sufrida a manos del Chelsea, al Barcelona sólo le quedan dos objetivos esta temporada: ganar al Athletic de Bilbao en la final de la Copa del Rey, el próximo 25 de mayo, y certificar la renovación de Pep Guardiola. La incógnita que envuelve a este último aspecto será desvelada en las próximas horas, tal y como desveló ayer el propio técnico azulgrana. «Hablaré con Sandro y con Tito y decidiremos qué es lo mejor para la institución. Ahora ya toca», señaló.
Sin presión competitiva, ya no hay motivos para alargar más la decisión que puede marcar un antes y un después en la entidad azulgrana. Básicamente porque con la llegada de Guardiola al banquillo del primer equipo culé, en 2008, cambiaron los automatismos, los métodos y la mentalidad azulgrana.
El técnico catalán logró reconducir a un Barcelona lastrado por su situación deportiva (acumulaba dos temporadas sin conseguir ningún título), institucional (Joan Laporta tuvo que hacer frente a una moción de censura) y desmoralizado por la decadencia de los que fueron héroes en la primera etapa de Frank Rijkaard en Can Barça. El caso más flagrante fue el de Ronaldinho, a quien Guardiola le enseñó la puerta de salida, y el de Deco, que también fue invitado a cambiar de aires.
LOS ÉXITOS DE GUARDIOLA
Con la marcha de ambos, mejoró el ambiente del vestuario culé y, obviamente, también influyeron las dosis de motivación empleadas por Guardiola, el gran trabajo psicológico que realizó desde su llegada, sus conocimientos futbolísticos y el plan específico que dedicó a Lionel Messi, quien mejoró su rendimiento ostensiblemente (especialmente en cuanto a registros goleadores se refiere) y redujo sus problemas físicos a la mínima expresión. Los frutos de su gran trabajo fueron rápidamente recogidos y el Barcelona cerró el 2009 con una Liga, una Champions League, una Copa del Rey, una Supercopa de España, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes.
Desde entonces y hasta este 2012, el Barsa ha seguido acumulando títulos (aunque no haya cuajado ninguna temporada tan espectacular como la 2008-09) y cambiando su pesimismo por una actitud más confiada y positiva que se reflejó anoche, en la eliminación del Barsa en Champions League. Pese al resbalón, el público del Camp Nou, siempre exigente, no hizo uso del reproche y apoyó al equipo desde el primer minuto hasta el último.
Fue el mejor reflejo de la nueva actitud del Barcelona, dependiente ahora de la decisión que tome Guardiola. Puede que el técnico de Santpedor no quiera concluir su ciclo en el Camp Nou con una campaña discreta, como la presente, o que, por el contrario, entienda que ha llegado el momento de dar paso a un relevo. Él siempre se ha mostrado partidario de los ciclos cortos y que esté tardando tanto en pronunciarse, hace sospechar.
La incógnita, en cualquier caso, se resolverá en las próximas horas y hasta que tal circunstancia, propios y extraños se seguirán preguntando: ¿Renovará Guardiola con el Barcelona?