Narciso y narcosis: medios masivos, teléfonos celulares y ordenadores de culto


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Recientemente volví a leer una de las más agudas temáticas que planteaba Marshall McLuhan en su extraordinario libro «La comprensión de los medios como extensiones del hombre», editado en 1969, que impactara tanto a mi generación… y de manera especial, marcara mi vida por el tema tecnológico.

Ramiro Mac Donald


En el capítulo 4, «El enamorado de los dispositivos», McLuhan plantea la hipótesis del mito de Narciso y la narcosis que nos impregnan hoy los mass media. Retomo apenas algunas frases. «Lo que este mito pone en relieve es el hecho de que el hombre queda inmediatamente fascinado por cualquier prolongación de sí mismo, en cualquier material distinto a su propio ser» (1969, 68) ¡Fascinado! Esa palabra no está demás, cumple la función de enamorarse mágicamente, como un conjuro en el que el hombre cae bajo el hechizo o el encanto de su propia extensión… o sea la tecnología. Recordemos que la palabra inglesa «spell» define deletrear y hechizar por igual. ¿Interesante, no?

Esto es -precisamente- lo que sucede con las redes sociales y la afición de los jóvenes del mundo, por vulnerables de criterio y carácter: están literalmente narcotizados con los dispositivos electrónicos y no se pueden desprender de ellos, como le sucedió a Narciso (quien fue hechizado por su propia imagen). McLuhan nos habla de los estudios médicos sobre la autoamputación inducida por presiones irritantes, para lo cual el cuerpo produce un shock o embotamiento generalizado que rehúye el reconocimiento. Esa es la explicación mcluhaniana del mito de Narciso, quien afirma que «el shock induce un embotamiento generalizado o un umbral más elevado para todos los tipos de percepción» (1969:71)

La prolongación del cuerpo físico del hombre moderno, por primera vez se registra con la electricidad, y embota su sistema nervioso central. Por eso, McLuhan define que nuestra relación con las tecnologías, «es en carácter de servomecanismos. Por eso es que, para utilizarlas, tenemos que servir a estos objetos, a estas prolongaciones de nosotros mismos, como si fuesen dioses o religiones menores» (1969: 74) Servomecanismos significa que son fusiones de sistemas formados de diversas partes, como mecánicas, electrónicas, hidráulicas, neumáticas, controladas a precisión con nuestro cuerpo.

¿Nuestros ordenadores no representan ese concepto hoy? ¿No es casi un rito abrir una portátil marca Apple, frente a los amigos y desconocidos? Observemos a los chicos de hoy cómo se relacionan con sus equipos de cómputo como si fueran sus dioses, casi en forma religiosa, reverenciando a la tecnología y su enorme potencial. ¿Y qué decir de su relación con los poderosos teléfonos móviles? Hay quienes consideran su «compu» como la extensión de su mente. «En la era eléctrica cargamos con todo el género humano cual si fuera nuestra propia piel», afirmó McLuhan (1969: 75).

Narciso, tenía razón el autor de «La comprensión de los medios como las extensiones del hombre» está hoy, en pleno siglo XXI, más presente que ningún otro mito griego, incluso con la bella y castigada ninfa ECO, condenada a solo repetir las últimas palabras de lo que escuchara, quien muere consumida por la tristeza al no lograr el amor de Narciso.

La ninfa ECO tendrá una condena eterna; jamás poseerá un texto propio, porque su nombre quedó como la maldición de aquellos que solo repiten las palabras de sus interlocutores. ¿Alguna alusión directa a la función actual de los medios de información de masas, que solo repiten y repiten lo que “otros” dicen, sin confrontar una segunda opinión y aceptando de buena gana las primeras versiones o las versiones oficiales?