China está explorando desde hace poco, pero a toda velocidad, el mercado del crédito-carbono, que tiene la ventaja de ser lucrativo y de contribuir a una evidente prioridad, reducir la contaminación.
Puesto que las directivas del gobierno central han fracasado por el instante, un enfoque del problema desde el punto de vista económico podría resultar ser una motivación mucho más eficaz para convencer a los industriales y autoridades locales.
A varios dólares la tonelada de equivalente CO2 (CO2e) economizada, a veces más de diez dólares, la ecología se vuelve rentable, en el marco del protocolo de Kioto y en particular de su «mecanismo de desarrollo limpio» (MDP).
Kioto obliga a los países avanzados firmantes a realizar reducciones de gas con efecto invernadero, pero ha previsto formulas flexibles para alcanzar ese objetivo, en particular la compra de créditos-carbono por Estados o empresas que temen no poder cumplir con sus compromisos.
A través del MDP, los países industrializados son incitados a invertir en tecnologías «limpias» en los países en desarrollo, liberándose así de una parte de sus obligaciones de reducción de emisiones de CO2.
Si China no está obligada por Kioto, y se niega a estarlo, «hay un compromiso de parte del gobierno chino (…) que, a diferencia de otros países, se ha fijado a sí mismo objetivos de reducción», subraya Kishan Khoday, que dirige el sector energía y medio ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Pekín.
El segundo contaminador del planeta (después de Estados Unidos), que amenaza con convertirse en el primero, quiere reducir en un 20% su consumo de energía y en un 10% sus emisiones de elementos contaminantes entre 2006 y 2010, pero ha reconocido haber sufrido un revés este año, por primera vez.
El PNUD, por su lado, lanzó en febrero un ambicioso plan de 1,7 millón de dólares, ampliamente apadrinado por el gigante del acero Arcelor-Mittal, con el objeto de establecer «centros técnicos MDP», en particular facilitar las transacciones de carbono en 12 regiones chinas.
«La mitad del potencial MDP está en China», subraya Mareva Bernard-Hervé, representante de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) en Pekín.
En colaboración con las autoridades chinas, la AFD también ha lanzado un programa de 1,5 millón de euros -la mitad financiada por el Fondo Francés para el Desarrollo Mundial (FFEM)- para alentar proyectos MDP en cuatro provincias del sur, lo que ha atraido a casi una decena de empresas francesas, que han entrado en contacto con empresas chinas interesadas.
Empujadas por los franceses y, más ampliamente, por los europeos, pero también por los canadienses y japoneses, los proyectos verdes han brotado por aquí y allá: reforestación en Guangxi, recuperación y reconversión de los gases de una siderúrgica en Jiangsu, granjas eólicas en Mongolia interior, destrucción de los HCF23 generados por la industria de los refrigerantes…
En total, al 30 de abril, las autoridades chinas habían aprobado 329 proyectos, de los cuales 71 debidamente registrados -contra sólo 37 a mediados de enero- por el buró ejecutivo de la Convención-Marco de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos (CCNUCC), lo que representará una diminución global anual de 58,82 millones de toneladas CO2e.
En cuanto a proyectos, China se coloca así en cuarto lugar de los países que los acogen, después de India, Brasil y México.