No había querido abordar el caso referente al accidente que sufrió el rey de España mientras cazaba elefantes en Botsuana, país situado en el sur de África, porque me parecía un asunto irrelevante para los guatemaltecos, pero al leer en la red por mera curiosidad un despacho de la agencia de noticias AP, no puedo más que compartir algunas reacciones de los lectores que escribieron al blog de Yahoo, que publicó la información respecto a que el monarca español presentó sus disculpas por cazar elefantes cuando su país atraviesa una severa crisis económica
Mientras que el editorial de Prensa Libre de anteayer se refocila al enfatizar que “Con la corta frase ‘Lo siento mucho. Me he equivocado, y no volverá a suceder’, el rey Juan Carlos de España sentó un precedente digno de imitar por los presidentes y primeros ministros de los países democráticos y demostró habilidad política”, todos los que enviaron sus comentarios a la nota aparecida en el sitio citado coinciden en criticar duramente al monarca español, a quien “En vez de darlo de alta (del hospital donde fue intervenido quirúrgicamente) deberían darlo de baja (del trono)” señala uno de los blogueros.
Otro indica que lo que más molesta es que los principales periódicos de España y diarios impresos de otros países sólo lo critican por irse de cacería en momentos de crisis, y por eso se pregunta enfadado “¡Y qué de los elefantes, coño!” al utilizar una palabra típicamente española; en tanto que un lector del mismo portal que publicó la noticia califica al monarca Borbón de ser “Otro depredador más de los que creen que basta presentar una disculpa ante el daño que ha causado”.
El rey Juan Carlos, como si no fuera bastante con su nefasta incursión en Botsuana y los problemas que encaran sus súbditos, es presidente de honor (¡!) nada menos que del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), cargo del que el Fórum Actuable ha pedido su renuncia, respaldado por decenas de miles de firmas.
El mismo diario guatemalteco que festeja las disculpas de Juan Carlos, un día antes dio a conocer una fotografía en la que aparece el monarca con un rifle en las manos, enfundado en un chaleco de cazador y acompañado de una mujer no identificada, y atrás, para escarnio del cargo honorífico que ostenta, se ve un elefante muerto, probablemente por “la habilidad” de ese soberano para disparar contra un indefenso animal.
Irónico, otro de los lectores escribe “¡Ay, pueblo español, con tu crisis y tu monarca de cacería!” e indignados unos más anotan “¡Otro zángano que vive de su pueblo hambriento, desempleado y jodido”, “España debería deshacerse de esos flojos, que (deberían) ponerse a trabajar para desquitar su salario”, “¡Qué pena me dan los españoles, tan orgullosos, tan vanidosos y que tengan ese tipo de parásitos retrógrados!”.
Abundan más señalamientos, muchos de los cuales con expresiones tan groseras y hasta soeces que por decoro no debo incluirlas en este espacio, pero que reflejan la exasperación de millones de hispanohablantes, no tanto porque Juan Carlos dilapide el dinero de los españoles, sino por dedicarse a la cacería y eliminar animales en riesgo de extinción, para luego disculparse, obligado por las circunstancias y no porque asuma su responsabilidad, con una simple y vaga frase y de inmediato se esconde de los periodistas.
(El aborigen Romualdo Tishudo cita esta frase de autor cuyo nombre no conoce: –Cuando un hombre mata a un tigre lo llaman deporte; cuando un tigre mata a un hombre lo llaman salvajismo).