Leí que el instituto Guatemalteco de Seguridad Social tiene en estudio la creación de la Plaza Navidad, que busca devolver a la zona con el gusto arquitectónico de antaño, un espacio público agradable, a inmediaciones de sus oficinas centrales.
Esa noticia me trajo gratos recuerdos de cuando yo era un mozalbete, pues con otros de mis compañeros que vivíamos en un «palomar» de la 3ª. avenida sur número 115, acostumbrábamos ir todas las mañanas a partir de las cinco y media al Parque Navidad, en donde nos uníamos a los alumnos de la Escuela de Educación Física pues los profesores nos aceptaban de buen grado.
El Parque tenía todo lo necesario para esas prácticas, incluso una piscina con peces de diversos colores, y hasta un laberinto de arbolitos de ciprés, del cual costaba un triunfo salir y el perdido empezaba a gritar para que llegara un guía a rescatarlo. Yo algunas veces me caí de las argollas pues por tener un defecto en el brazo derecho me sostenía con la base entre el dedo índice y el pulgar y por lo tanto, al dar la vuelta de campana se me resbalaba la mano y porrazo seguro.
En medio de las clases había veces que nos salíamos e íbamos a la baranda sobre la sexta avenida a ver pasar la tropa del Castillo de San José, hoy Centro Cultural, con el gran teatro nacional que lleva el nombre de nuestro Premio Nobel, Miguel Ángel Asturias Rosales, tropa que se dirigía al Campo de Marte para sus prácticas cotidianas.
Esto me trae otros recuerdos, cuando ya jóvenes íbamos a ese Campo a hacer prácticas militares en calidad de «voluntarios», pues constituíamos las reservas militares. Del Parque, a las siete de la mañana estábamos de regreso a casa para bañamos a la orilla de la pila a puro guacalazo con agua fría para luego desayunar y después salir hacia el trabajo.
En medio de estos recuerdos hay una anécdota: estábamos haciendo ejercicios en las paralelas cuando se acercó un cura, el Padre Minera, que todas las mañanas pasaba por el Parque rumbo a la iglesia en donde oficiaba misa, pues cuando nos vio y que nos movíamos con tanta facilidad, se acercó y dijo: «eso lo hago yo también», el Maestro le dijo que no lo hiciera porque ya era adulto y además gordo, no hizo caso, se metió entre las cañas e hizo lo que nosotros, terminó y se fue. Desapareció varios días, cuando lo vimos de nuevo llegó a regañamos y a decir que todos juntos nos íbamos a ir al infierno, porque por culpa nuestra había dejado de ir a decir misa varios días, nuestra respuesta fueron risadas. Se fue maldiciéndonos y mandándonos con el cachudo.
Ese aviso de reinstalar el Parque Navidad o Plaza Navidad, me llena de alegría, aunque no sea como la que me tocó vivir y disfrutar, lástima que no pueda llegar a verla en su nueva versión. Veré fotografías periodísticas y reportaje televisivo.