Es famosa la historia que relata que en Guatemala vivimos en una olla de cangrejos, todos, unos sobre otros, pugnando constantemente por trepar por encima de los vecinos, usándolos de escalera, hasta que al estar, un cangrejo, a punto de salir de la olla, uno de los de atrás, del lado, o de cualquier otro sitio, apunta su tenaza, lo atrapa y vuelve al que está a punto de salir, al fondo de la olla, para que el caído nuevamente tenga que iniciar el camino o se convierta en uno más de los que viven para bajar a sus pares.
La recién finalizada Cumbre de las Américas, celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, ha dejado la impresión que en todos lados tienen su propia versión de la olla de cangrejos; como es costumbre de este tipo de eventos, culminó sin pena ni gloria, con solo algunas resoluciones ordenando que otros organismos dieran seguimiento a lo allí acordado. Sin embargo, si algo ha de destacarse de esta reunión es la relevancia que tuvo nuestra delegación guatemalteca, impulsada, sin duda, por la propuesta de nuestro Presidente, en favor de motivar el diálogo para despenalizar las drogas o dar otro tipo de enfoque al combate al narcotráfico. Por supuesto, resultó triste el comprobar que ni siquiera la región centroamericana pudo conformar una posición conjunta, a pesar de que enfrentamos los mismos males y vivimos las mismas realidades, y peor aún fue la imagen que dejaron el Presidente salvadoreño o el hondureño que buscaron a toda costa desmarcarse de la posición de Guatemala, la cual al final, solo impulsaba el diálogo alrededor de una propuesta. En la parte positiva, es grato comprobar que por primera vez en mucho tiempo tenemos un gobierno que tiene una política definida; a esta realidad debemos de sumar el asiento que en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene nuestro país y la próxima presidencia que se ejercerá en el mismo. Sin duda las perspectivas de que Guatemala alcance un papel protagónico en la región son reales y esta posición debe de ser aprovechada para que sirva de vehículo para buscar verdaderos factores de desarrollo. Es importante, a mi juicio, aclarar que los intereses internacionales son importantes en la medida que estos coadyuven a atraer inversión y atención al país que provoquen en éste mayor desarrollo. Evidentemente no somos ni tenemos la capacidad de convertirnos en ningún tipo de potencia mundial, pero sí podemos ser un jugador estratégico que busque mejorar su posición en la región y en aquel sector en donde podemos tener incidencia. Por supuesto, no faltarán quienes con lógica y madurez llamen a la reflexión sobre las consecuencias que puede tener para un país pequeño como el nuestro el ponerse frente a intereses como los que manejan las grandes naciones, sin embargo y para efectos de la historia de la olla de cangrejos, hay uno, vestido de azul y blanco que parece creer que puede llegar a salir de la olla; el simple hecho de creer en sí mismo ya de por si es para felicitarlo.