Después de años de hundir a Argentina en un mundillo de mercantilismo corrupto, doña Cristina Fernández ha sacado las garras anunciando la expropiación de la petrolera YPF. Pareciera una broma de mal gusto que se repite en algunos de los países de América Latina con el apoyo de un crédulo pueblo que compra, como dulces, las ofertas populistas y nacionalistas de políticos corruptos y mentirosos.
En 1998, agobiado por deudas y ante la inminente ineficiencia de los ejecutivos gubernamentales, el gobierno argentino tomó un paso importante en el desarrollo petrolero del país, la privatización de la empresa estatal de petróleo YPF. El inversor llegó desde España y rápidamente, y sin la pesada carga burocrática logró virar el rumbo de una empresa perezosa convirtiéndola en un éxito empresarial que generaba utilidades, oportunidades de trabajo y desarrollo para el pueblo. Poco tiempo tardó en llamar la atención de esos grupos oportunistas que no pueden ver que a alguien le salgan bien las cosas para apelar al feeling nacionalista de “usurpadores de recursos que le pertenecen al pueblo”.
Esos grupos aparecen en Argentina, en Venezuela y en Guatemala por el simple hecho de tener sistemas legales muy frágiles que permiten a cualquier presidentucho darle atol con el dedo a su pueblo. El problema fundamental viene desde la misma base legal de la propiedad privada; en todos los países de Latinoamérica el derecho de propiedad sobre el subsuelo no existe y, por lo tanto, lo que se obtiene son permisos de exploración y explotación sobre los mismos. Es una constante que los países desarrollados en el tema de la minería y explotación petrolera tienen mucho mejor andamiaje legal que nosotros para soportar y honrar las inversiones en exploración y explotación. Esto demuestra que no importa qué tantos recursos tengamos para explotar, lo importante es que bases legales les podemos ofrecer a los inversionistas para que arriesguen su capital en nuestro territorio. Es costumbre en nuestros países vivir y hacer negocios por permiso y no por derecho y es lógico que todos estos “permisos” acarreen una estela de sobornos y corrupción gigantesca.
Seguramente YPF correrá la misma suerte de Pedevesa, poco a poco caerá en una ineficiencia anacrónica y entonces el pueblo se dará cuenta, otra vez, que ser propietarios de una empresa de petróleo es conveniente siempre y cuando esta sea manejada correctamente y no se puede manejar correctamente cuando los equipos gerenciales son un botín político y no una competencia de mérito y resultados. Dijo Cristina Fernández “no estaré aquí toda la vida” y afortunadamente tiene razón, pero no es justo porque dentro de quince años, los argentinos finalmente se darán cuenta que, una vez más tienen en sus manos una empresa que no es más que una cueva de ladrones y que durante años se perdieron oportunidades importantes por el antojo político de un Presidente que no estará más en el poder o en la faz de la tierra para responder responsablemente por sus actos.
Las multinacionales como la española, tampoco son niños de primera comunión y esta vez el tiro les salió por la culata porque seguramente en algún momento se aprovecharon de su influencia política para sacar mejores resultados. Lección para los accionistas de la empresa española, ser mercantilista y hacer utilidades con favores políticos es alegre siempre y cuando la contraparte gubernamental juegue el juego en el que todos ganan menos el consumidor. Debe entender cualquier accionista que una empresa siempre se debe a sus consumidores antes, incluso, que a sus accionistas y por lo tanto las mancuernas del crony capitalism no son convenientes en el largo plazo.
Para todos los atrasados y oportunistas que promueven cosas tan nefastas como la nacionalización de los servicios de energía y la nacionalización de las empresas mineras, les invito a seguir de cerca lo que sucederá en Argentina con la inversión extranjera y local, los capitales que se fuga