Drogas, poder y razón


Luis_Enrique_Prez_nueva

Me ha sido planteada esta pregunta: ¿Por qué le he concedido excesiva importancia a la propuesta que ha planteado el presidente Otto Pérez Molina, que consiste en debatir sobre un mercado legalmente regulado de la producción, el comercio y el consumo de drogas, que sustituya a la “guerra contra las drogas”, que principalmente ha emprendido el gobierno de Estados Unidos de América? Cinco motivos conexos explican aquella concedida importancia supuestamente excesiva.

Luis Enrique Pérez


El primer motivo es que nuestro país es una de las sedes principales del clandestino y criminal comercio internacional de drogas (de las cuales se presume que una cuantiosa proporción está destinada a Estados Unidos de América). El segundo es que nuestro país asigna anualmente, para participar en la “guerra contra las drogas”, millones de quetzales que deberían ser asignados para seguridad de la vida y de los bienes de los guatemaltecos. El tercero es que esa misma “guerra contra las drogas” contribuye a incrementar la criminalidad en nuestro país. El cuarto es que ese incremento de la criminalidad aumenta el costo de administrar justicia oficial y de administrar prisiones. El quinto es que nuestro país contribuye a pagar el costo de una “guerra” que ha sido un fracaso.
    Y ese fracaso ha sido absoluto. Precisamente quiero que mi país, que ya sufre infinitos problemas, no sufra más el problema de ser no sólo una sede principal del clandestino y criminal comercio internacional de drogas, sino también sede de una fracasada “guerra contra las drogas”. Quiero que mi país asigne los escasísimos recursos públicos de que dispone, no para financiar una fracasada “guerra contra las drogas”, sino para procurar una mayor seguridad de la vida y de los bienes de los guatemaltecos. Quiero que mi país no sufra más una criminalidad provocada por una fracasada “guerra contra los drogas”. Quiero que mi país ya no multiplique el costo de administrar justicia oficial y administrar prisiones, por persistir en una fracasada “guerra contra las drogas”.
    Puede demostrarse que un mercado legalmente regulado de la producción, el comercio y el consumo de drogas, y el tratamiento de la drogadicción como problema médico y no como problema criminal, es una opción que promete tener el éxito que la “guerra contra las drogas” no ha tenido; es decir, reducir la drogadicción, y reducir también, por consiguiente, la producción y el comercio de drogas, y la infernal y descomunal riqueza que generan.
    En la reciente Cumbre de Las Américas, celebrada en Cartagena, Colombia, el presidente Pérez Molina reiteró su propuesta, la cual no fue objeto de deliberación pero provocó más interés que los tópicos mismos que oficialmente debían ser tratados. Y fue evidente que, aunque el presidente de Estados Unidos de América, Barack Obama, tiene el poder de proseguir con la imposición de la “guerra contra las drogas” en América Latina, no tiene la razón, sino que la tiene el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. Y puede afirmarse que, por lo menos diplomáticamente, la razón del presidente Pérez Molina triunfó sobre el poder del presidente Obama. Varios días después el presidente Pérez Molina también reiteró su propuesta en el Foro Económico Mundial para América Latina, celebrado en Puerto Vallarta, México.
    Post scriptum. Presumo que la propuesta del presidente Pérez Molina ha suscitado creciente interés internacional, no por ser novedosa, sino por ser audaz, franca y oportuna propuesta de un gobernante que ha osado delatar el fracaso de la estúpidamente santificada “guerra contra las drogas”.