La Sexta Cumbre de las Américas celebrada el pasado fin de semana en la ciudad de Cartagena, ha quedado registrada en la historia como una Cumbre censurada, pues sus principales deliberaciones se realizaron a puerta cerrada, es decir, a espaldas de los pueblos del continente.
El encuentro se caracterizó por las profundas divergencias entre el Norte y el Sur, así como por su carácter excluyente, al no permitir la presencia de Cuba, uno de los países más importantes de la región.
A pesar de la ausencia física de su representación, Cuba siempre estuvo presente en la agenda. El tema de su marginación, fue uno de los asuntos que capitalizó buena parte de las discusiones.
Es interesante observar que 32 de los 34 Cancilleres de América, se pronunciaron a favor de la participación de Cuba en la Cumbre. Solamente Estados Unidos con el apoyo del régimen derechista de Canadá, vetó su asistencia evidenciando un total aislamiento por sus acciones equivocadas en política exterior.
Uno de los más destacados analistas de América, el sociólogo argentino Atilio Borón, opinó que seguir excluyendo a Cuba de estas reuniones es un gesto absurdo por parte del país que se autoproclama el adalid de la democracia.
Es oportuno destacar la unidad de las naciones de América Latina acerca no solo del tema de Cuba, sino también de la soberanía de las Islas Malvinas, que legítimamente pertenecen a Argentina.
El mensaje de todos estos países fue muy claro: Que termine la presencia colonial de Inglaterra en el caso de las Islas Malvinas y el respeto al principio de libre determinación de los pueblos.
Una de las lecciones que dejó esta reunión, es que si en el futuro Estados Unidos no es capaz de rectificar su veto contra Cuba, la de Cartagena habrá sido la última Cumbre de las Américas. Su falta de consenso en asuntos de gran envergadura, debe interpretarse como un categórico fracaso, contribuyendo a consolidar la agonía de la decadente Organización de Estados Americanos, OEA, bajo cuyo marco se han venido realizando estos encuentros presidenciales.
Y pocas horas después de la fracasada Cumbre de las Américas, la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, nuevamente levantaba la bandera de la dignidad pidiendo al Congreso de esa pujante nación, declarar de utilidad pública el 51 por ciento de las acciones de la petrolera YPF manejada por un consorcio español. La expropiación tiene el propósito de recuperar el control sobre los hidrocarburos que pertenecen al pueblo argentino. Es absurdo que ese país tenga que importar este año más de 10 mil millones de dólares de gas y gas licuado.
Sin duda, América Latina respaldará a la Presidenta en esta cruzada por la recuperación de los recursos de Argentina.