En mis largas horas de ocio durante la Semana Santa leí un libro que tenía en cola, cuya publicidad de venta lo colocaba como “finalista del Premio Pulitzer” y The New York Times lo recomendaba como “bestseller”, me refiero al texto escrito por Nicholas Carr titulado “The Shallows: What the Internet is doing to our brains”. Ahora puedo decir que fue una lectura no solo entretenida sino provechosa por las razones que un lector desde el título puede imaginarse.
Nicholas Carr no es un especialista en neurociencia, sus datos biográficos lo describen como un estudioso de la tecnología, la cultura y la economía. Un columnista de diversos periódicos, entre los que destacan The Guardian, The New York Times y The Wall Street Journal, entre otros. Periodista exitoso cuyos libros han sido traducidos a más de veinte idiomas. Su obsesión favorita parece ser el daño que los hábitos de la red han provocado en las personas.
Movido por su intuición fundamental: la navegación obsesiva en la red está transformando nuestra forma de pensar e influye fundamentalmente en nuestras vidas, ha escrito además del texto señalado otros en la misma dirección, titulados “Is Google Making Us Stupid?”, “The Big Switch: Rewiring the World, from Edison to Google” y “Does IT Matter? Todos, a juzgar por los títulos, invitando a los lectores a la reflexión sobre nuestras manías cibernéticas.
En “The Shallows: What the Internet is doing to our brains”, Carr, a partir de su experiencia personal, explica cómo nuestros hábitos de navegación: el vagabundeo de sitio en sitio, nuestras lecturas superficiales y las continuas distracciones por consultas continuas de “Facebook”, “Twitter” y correos electrónicos, evitan lecturas profundas y capacidad de análisis. Su primera constatación fue su conciencia de incapacidad para leer libros de moderada densidad de páginas. Internet, dice, te acostumbra a textos cortos, figuras y movimientos: lo demás desespera.
El libro, entonces, es una constatación y una advertencia. Lo primero porque muestra con hechos los daños que provoca en nuestro cerebro tales hábitos. Según Carr, la navegación diaria moldea nuestra masa gris y nos vuelve incapaces de mantener tanto la atención como de memorizar (entre tantas otras atrofias). Y un llamado de atención por el perjuicio que puede provocar. Hay que reconocer el riesgo que conlleva nuestras manías tecnológicas.
Con todo, el libro no es un anatema contra la red. No es una invitación a privarse de Internet. Para Carr el mundo es impensable sin los adelantos de la tecnología. Lo que quiere el autor es que los lectores se moderen más en la calidad y cantidad de navegación y cultiven asimismo los viejos hábitos saludables para la mente: la lectura, la memorización, la escritura. De lo contrario la humanidad se encaminaría hacia la superficialidad, los trastornos por déficit de atención (con hiperactividad) y la incapacidad de inventiva y creatividad. Supongo que no es el mundo que queremos.
Buena lectura que quizá nos pueda hacer reflexionar.