Un Presidente ha saltado a la palestra mundial, las cámaras por primera vez en mucho tiempo se dedican a un líder de un país pequeño. El Presidente de un lugar recóndito como Guatemala es cubierto por las cadenas y agencias internacionales, desde las regionales hasta lejanas como la prensa rusa, y sus ideas son transcritas en periódicos como The Guardian.
La expectativa en la reciente Cumbre de Las Américas la captaba ya no solo el Presidente del país grande, sino el del país chico; los de tamaño medio con recelo observaban. La dimensión que ha adquirido el debate en el nivel mundial, nos hace parecer como un Estado experto con una política internacional estratégica, a lo cual se suma la circunstancia de tener silla en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Lo cierto del asunto es que en esta coyuntura, el Canciller Caballeros no parece figurar, además, aún no tenemos embajadores en lugares principales como Washington y la política exterior guatemalteca no tiene una agenda estratégica. Esta atención sobre el Estado guatemalteco solo se observó en los cuarentas y cincuentas del siglo pasado, donde la voz autorizada del Canciller Toriello en los foros internacionales, denunciaba la intervención del país grande en la política nacional.
La historia nos ha puesto nuevamente en el curso de contradecir la política del país grande; el “no” rotundo de su líder nos pone en trayecto de colisión con la idea de Pérez, por lo que de alguna forma se le podría llamar antiimperialista. Sin embargo, hoy la disputa no es por la dignidad o la emancipación, ni siquiera es por las ideas, lo que está en juego es el futuro de grandes porciones de potencial mercado de consumidores. En las palabras del Presidente del país grande durante el foro de Las Américas, el comercio en el hemisferio es solo la mitad de lo que podría ser. La idea que tomó voz de los labios de Pérez, aunque otros hayan sido los autores y los estrategas, ha causado ya ríos de incertidumbre, divisiones en la región centroamericana y como dije, atención mundial y molestia del país grande que para muestra de su incomodidad con la idea, aumentó el aporte financiero para la región en materia de seguridad. Es ocioso tratar de averiguar al responsable de la audacia, como también lo es conocer si la idea traía un plan preconcebido o si se echó a andar la bolita para esperar qué dimensión tomaba. No hay que olvidar, sin embargo, la expertise del mandatario en materia de inteligencia y seguridad y también es importante recordar su formación y su conocimiento para tratar el tema, tanto en el terreno de las acciones como en materia de coordinación con agencias del país del norte.
Mientras la idea causa revuelo internacional y nos hace parecer serios, la oscuridad en la casa ahoga y esconde las contradicciones y los grandes males que exponemos como sociedad y como Estado. Una marcha de cientos de campesinos que claman tierra hace menos de un mes, apenas ha quedado en el recuerdo, pues lo que los medios no exponen no existe; cuál es el proceso de la negociación de sus reivindicaciones. Por otro lado, la maquinaria gubernamental chambona empieza a exponer su porosidad y las primeras tuercas se han empezado a caer; también se puede entender como la confianza que ya reclaman las esferas de poder en torno al Gobierno central, para cobrar su tajada. La gobernabilidad depende peligrosamente de una agenda legislativa que se ve atrapada en una grieta jurídica y política, como consecuencia de un mal manejo político del mecanismo de interpelación. Lo que funcionó para el PP en la otrora oposición, no parece prestarle réditos políticos ahora en el poder. Quizá la idea de Pérez demuestra que somos neón de la calle con una profunda noche en casa.