Una rivalidad con historia


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Desde que se vislumbró la posibilidad de una semifinal Chelsea-FC Barcelona, los recuerdos rememoraron pasados encuentros entre estos dos equipos que han sido protagonistas en los últimos años del futbol europeo.

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POR ÁLEX GALERA Servicios

Después de superar al Benfica, el Chelsea logró el pasado miércoles clasificarse para las semifinales de la presente edición de Champions League, ronda en la que deberá enfrentarse al Barcelona. Éste es uno de los duelos europeos más emocionantes de los últimos tiempos, ya que más allá del ‘Iniestazo’ de la temporada 2008-09 se han vivido también otros capítulos memorables en la historia de esta corta, pero intensa rivalidad.

Todo empezó en la temporada 2004-05. Concretamente el 23 de febrero del 2005. El plantel dirigido entonces por José Mourinho se plantaba en el Camp Nou para afrontar la ida de los octavos de final de la máxima competición europea. A los 33 minutos, Juliano Belleti anotaba en propia meta el 0-1, un gol que ponía muy cuesta arriba la eliminatoria. Sin embargo, la entrada de Maxi López en el minuto 64 revolucionó el partido. Necesitó tres minutos para empatar el encuentro y diez para regalar el 2-1 definitivo a Eto’o, que se aprovechó de un pésimo disparo del argentino.

LA MAGIA DE RONALDINHO NO ES SUFICIENTE

Con una ventaja tan corta, los hombres de Frank Rijkaard viajaban a Londres para certificar el pase a los cuartos de final. Sin embargo, todo se puso en contra cuando Gudjohnsen abrió la lata en el minuto ocho. Al gol del islandés le siguieron otro de Frank Lampard y un tercero de Duff. Entonces se observó una de las más magistrales actuaciones de Ronaldinho, que en doce minutos anotó dos tantos, uno de ellos de una belleza y plasticidad que será recordado por los siglos de los siglos.

Se plantó ante Carvalho, completó dos pasos de claqué con la punta del pie derecho y acto seguido colocó el balón en el poste derecho de Petr Cech. Una obra maestra que tristemente no serviría para nada por culpa de un gol de Terry de cabeza a la salida de un córner no exento de polémica, puesto que Ricardo Carvalho obstruyó a Víctor Valdés y le impidió atajar el remate. Aun así, sea como fuere, el Barcelona cayó con la cabeza bien alta pero con ganas de revancha.

Una revancha que apenas tardaría un año en certificarse. Y es que en la siguiente temporada, en la 2005-06, ambos conjuntos quedaron emparejados en el mismo escollo, los octavos de final. En esta ocasión, el primer partido se disputaba en Stamford Bridge. Y como la venganza es un plato que se sirve en frío, los hombres de Frank Rijkaard decidieron asaltar el estadio blue en el partido de ida para sentenciar la eliminatoria. Y pese a empezar perdiendo a causa de un gol en propia meta de Thiago Motta, los azulgrana empataron el partido con otro autogol, en este caso del propio Terry.

ETO’O, DECISIVO

Sin embargo, enmudeció el feudo inglés cuando Eto’o fusiló con la testa el arco defendido por Cech tras un centro de Rafa Márquez en el minuto 80. Con el 1-2, el Barcelona se tomaba así la revancha por su mano. Aun así, se sufrió en la Ciudad Condal en la vuelta hasta que Ronaldinho anotó un magnífico gol en el minuto 78 con un disparo raso y potente. Lampard empató el encuentro en el 90, pero ya no había tiempo para más. Se desquitaban así los azulgrana del duro mazazo recibido el pasado curso para pasar a los cuartos de final y sumar su segunda Champions League de la historia al superar en la final al Arsenal del Thierry Henry.

Ya entonces se había creado una rivalidad muy especial e intensa entre el Barcelona y el Chelsea, o mejor dicho, entre el Barcelona y José Mourinho. Sea como fuere, el técnico portugués ya no dirigía a los blues cuando tuvieron que enfrentarse nuevamente a los culés en las semifinales de la temporada 2008-09, la que acabaría bautizándose como la del ‘triplete’. Sea como fuere, llegaban los hombres de Pep Guardiola a la eliminatoria muy crecidos tras haber superado al Olympique de Lyon y al Bayern de Múnich.

El primer encuentro se disputó en el Camp Nou y finalizó con un insípido empate a cero goles, aunque pudo haberse llevado el partido el Chelsea de no haber sido por Víctor Valdés, que se erigió clave para frenar a Didier Drogba en un par de ocasiones muy claras de las que dispuso el marfileño. De este modo, se lo jugaban todo los catalanes en Stamford Bridge. Unos primeros minutos muy espesos permitieron a los de Guus Hiddink adelantarse en el minuto nueve con un golazo de volea de Essien desde fuera del área. Con el marcador en contra, fueron los ingleses los que dispusieron incluso de más ocasiones. Incluso reclamaron más de un penalti.

INIESTA, EL HÉROE

Pero llegó la jugada clave. Minuto 92. Alves recorre el carril derecho y cuelga el balón a la olla. Lo despeja como puede Terry. El balón le cae a Eto’o, que controla muy mal. Acaba llegando el esférico a los pies de Messi, que, sin hueco, retrasa hacia Iniesta. Y el manchego, con toda su fe y con toda su alma teledirige el balón a la escuadra izquierda de la meta defendida por Cech, logrando el 1-1 definitivo y facilitándole así el pasaporte a su equipo para la final de Roma, en la que finalmente superarían al Manchester United de Cristiano Ronaldo para sumar la tercera Champions de la historia.

Así pues, el nuevo siglo ha regalado duelos de lo más vibrantes entre el Chelsea y el Barcelona, dos escuadras que se volverán a ver las caras tres temporadas después en la misma eliminatoria en la que Andrés Iniesta se convirtió en uno de los ídolos de la hinchada azulgrana. No será fácil para los catalanes, pero lo que es evidente es que ambos planteles nos regalaran un gran espectáculo, tal y como han hecho en anteriores ocasiones.