Ayer me quedé con que la pacaya de un Ministerio tan complejo y podrido como ha llegado a ser el de Salud fue tremenda para un funcionario honesto que se vio afectado por la diabetes, enfermedad que yo conozco bastante porque afectó a mi padre durante unas cuatro décadas y entiendo perfectamente lo que explica Francis sobre las características de la enfermedad. Sin embargo, estoy seguro que aun siendo diabético, Arredondo le hubiera hecho ganas al tormento si hubiera visto la luz al final del túnel, es decir, que se podía enfrentar al monstruo de la corrupción.
ocmarroq@lahora.com.gt
El ajetreo del día a día, la dedicación que se le tiene que poner a los temas que son puramente administrativos y burocráticos, es algo que llega a consumir el tiempo y el esfuerzo de los funcionarios porque así se les entretiene en lo superficial para que lo grueso se siga llevando a cabo conforme a la costumbre y la tradición. Algunos funcionarios, al darse cuenta, prefieren subirse al carro ya encaminado y empiezan a ser parte del negocio. Otros, más honestos o más pendejos, se concentran en ese papeleo rutinario dejando que los de siempre hagan lo que saben hacer.
Yo creo que Francis no quiso ser de esos “honestos” que se hacen los babosos y al entender que no tiene la suficiente fuerza política y el apoyo para enfrentar a uno de los negocios mejor estructurados de toda la corrupción en la administración pública, tomó la decisión difícil de renunciar. Creo que efectivamente la salud le pasó factura, pero estoy convencido que ha sido un gesto de lealtad al Presidente que le confió el Ministerio el de no hacer grandes olas ni poner la pica en Flandes para abrir el gran debate sobre la cuestión de cómo el sistema ha sido penetrado por comerciantes que saben cómo mover sus hilos para garantizar que la venta de medicinas sea uno de los más lucrativos negocios de todo el sector público.
Estoy especulando porque por medio de correos quedamos en reanudar nuestras pláticas en el futuro, cuando vuelva a Guatemala, pero en su mensaje de ayer dice claramente que sí es un sistema perverso y que llegó a convencerse que hay que cambiarlo desde afuera. Habla no solo del Ministerio, sino dice que esa perversidad se nota en todo el Ejecutivo, en el Legislativo y en el poder Judicial. Cuando dice que ya hemos ido sobre ese tema es porque fue el que nos provocó el año pasado, después de un programa de televisión, a reunirnos para hablar precisamente del sistema, de cuán profundamente carcomido está por la corrupción.
Yo he sostenido que es un sistema que no da para más y cada día estoy más convencido porque creo e intuyo que Pérez Molina tiene la intención de dejar huella y de producir cambios importantes en el país, pero me temo que con esto no podrá porque son demasiados los intereses en juego y están tan acomodados y tan en control de la situación, que haría falta una acción casi heroica para enderezar el entuerto.
Y me temo que para la mayoría de la gente este asunto no es de importancia y si se hiciera una gallada, a lo mejor hasta la critican porque así somos en Guatemala. Ya nos acostumbramos a convivir con la corrupción y si alguien hace algo frontal, no faltarán los que digan que lo que busca es quedarse con todo el negocio, puesto que hemos perdido la fe de que alguien pueda y quiera hacer algo por el país, por nuestro futuro y para emprender una nueva ruta con un sistema diferente que excluya la picardía y la corrupción.
La renuncia de Francis es un asunto que no podemos ver a la ligera ni debemos voltear la vista a otro lado. Son, simplemente, polvos de aquellos lodos.