Por mis escritos y pláticas impartidas acerca del tema de calidad en la educación, es conocido que yo marco una diferencia entre calidad y excelencia en el proceso educativo. A pesar de que el término calidad ha sido usado desde el siglo pasado en educación, propongo que es hora de cambiar el término que representa el “modelo de fábrica” del siglo anterior con sus características muy particulares a esa época y que lamentablemente han continuado en la práctica en el siglo XXI;
Sí, cambiar al término excelencia que tiene un significado más apropiado para un siglo nuevo, con retos múltiples en una sociedad que se mantiene en constante “cambio”, “repensar”, “ajustes” y “aplicación dinámica” para mantenerse vigente y al frente de una globalización mundial. Cuando hablo de EXCEL-encia, como divido la palabra, la primera parte de la palabra significa “ser mejor que… sobrepasar… Excel significa además “sobrepasar un límite o estándar”. Es generalmente aplicado al cumplimiento o ejecución de acciones que reportan crédito a la persona (American Heritage Dictionary). La segunda parte de la palabra significa la esencia, las características intrínsecas que sirven para identificar algo. “Lo más importante y característico de una cosa” (DRAE). Como educadores queremos que el proceso educativo tenga las características que hagan que los alumnos obtengan éxito sobrepasando los límites del currículo, materiales físicos o del maestro.
Excel-encia es estar siempre buscando cómo se puede hacer para mejor, o ser mejor en su propio crecimiento en el sentido amplio de la palabra. Esa es la meta de la acción de educar al ser humano, ¿verdad? El “Schreyer Institute for Teaching Excellence” de la Universidad de Penn State, tiene conceptos puntuales sobre la palabra “excellence”. Además de una definición que pone un marco de referencia a la palabra, define cinco áreas adicionales. Por razones de espacio me permitiré hacer un corto resumen de cada categoría.
La excelencia en la enseñanza es un proceso académico mediante el cual los alumnos son motivados a aprender en maneras que influyen positiva, sustantiva y sosteniblemente en cómo piensan, actúan y sienten, (le llamo las tres C). Un proceso que eleva a los alumnos a un nivel donde el aprendizaje es más profundo y marcadamente más alto debido a los atributos del maestro. Un maestro excelente es aquel cuyos atributos lo hacen ser visto y demuestra que contribuye positivamente al ambiente de aprendizaje por medio de su energía excepcional, afinado interés en los alumnos y fuerza extraordinaria en las siguientes áreas: A. Ser experto en la materia. Poseer los conocimientos profundos sobre la asignatura y demostrar y contagiar su entusiasmo por la materia. Se extiende más allá de los estándares que el currículo requiere. Hace averiguaciones y desarrolla un pensamiento original acerca de la materia de su especialidad. Se mantiene al día en su desarrollo académico personal y en los campos relacionados a su quehacer diario. B. Ser experto pedagogo. Fijar las metas y objetivos del aprendizaje y comunicarlos claramente a sus alumnos. Demostrar una actitud positiva hacia los estudiantes y trabajar continuamente para que ellos sobrepasen los obstáculos que se presentan en el aprendizaje. Animar a los alumnos a pensar y así encontrar su propia creatividad. Guiar a los educandos a explorar los procesos de pensamiento creativo y crítico y la resolución de problemas. Ayudar a los niños y jóvenes a manejar ideas e información que necesitan para desarrollar su propio entendimiento del contenido. Exhibir un compromiso fuerte ante la comunidad académica además de su éxito en el aula. C. Ser un comunicador excelente. Demostrar una comunicación efectiva oral y escrita. Ayudar a los alumnos a usar las habilidades efectivas de la comunicación. Que escuche atentamente y sea accesible siempre. El maestro es el enlace entre los obstáculos del lenguaje y la cultura. D. Maestro centrado en el alumno. Hacer su prioridad más importante el aprendizaje de sus alumnos. Estimula a cada alumno a aprender por medio de una variedad de métodos y anima a sus estudiantes a una participación activa. Expresa a los alumnos que ellos tienen que sobrepasar el simple conocimiento de datos hacia el entendimiento y la aplicación de los conceptos (cabe hacer aquí referencia a las categorías de pensamiento presentadas por Benjamín Bloom). Que los alumnos tengan el deseo de aprender toda su vida. E. El maestro tiene que evaluar en forma sistemática y continuamente. Usar las evaluaciones con el criterio de mejorar las experiencias de aprendizaje de los alumnos de acuerdo a las metas y objetivos enunciados. Utiliza un enfoque sistemático para evaluar la enseñanza, manteniendo los materiales usados en el aula al día, haciendo cambios apropiados cuando se necesita, fijar los objetivos claros que indiquen el tipo de pensamiento esperado de ellos, los alumnos. Crea un ambiente donde los alumnos puedan dar retroalimentación constructiva a los maestros. Adapta los estilos de aprendizaje para lograr el éxito en el aprendizaje de los alumnos. El maestro debe reconocer sus propias limitaciones y aprender de ellas. Promueve el aprendizaje que sobrepasa la meta de simplemente aprobar un examen.
Al analizar las categorías y áreas del Instituto Schreyer, podemos demostrar la importancia que juegan las jerarquías de pensamiento de Bloom, las jerarquías de necesidades de Maslow, la evaluación formativa como forma de evaluar, los estilos de aprendizaje, las tres C (educar a la persona completa: Cabeza, corazón y cuerpo) y metodologías activas, participativas y multisensoriales. Es por eso que creo que es importante y urgente hablar de excelencia en el proceso educativo.
Siempre es conveniente tener “input” sobre el proceso educativo basado en una constante investigación para lograr la Excel-encia en beneficio de los alumnos.