En muchos hogares de Guatemala, la persona que alcanza la vejez constituye para sus descendientes una fastidiosa carga, salvo que el adulto mayor cuente con suficientes recursos para atender sus propias necesidades y hasta para compartirlos con sus familiares cercanos o de su entorno inmediato, o que sean amados y apreciados por sus parientes.
Podría ser la excepción a la regla, sobre todo en las familias de las clases media y popular cuando el que hasta hace poco tiempo era considerado de la tercera edad ha cesado su actividad productiva y ni siquiera recibe una modesta pensión del régimen de seguridad social o una miserable jubilación del Estado; aunque también acontece en hogares de noble estirpe y de sólida riqueza económica. Los viejos, pues, suelen ser un estorbo, y lo peor para sus descendientes, que deberían velar por ellos, es que no hay modo que se mueran porque la esperanza de vida se ha incrementado en Guatemala y demás naciones latinoamericanas.
Traigo a relación lo anterior en ocasión de que el pasado 7 fue conmemorado el Día Mundial de la Salud, que desde 1950 se celebra en esa fecha porque fue el nacimiento de la Organización Mundial de la Salud, y para esta ocasión se eligió como tema específico: Envejecimiento y Salud
Al respecto, un estudio de la OMS advierte que el envejecimiento no es necesariamente una causa de enfermedad y discapacidad, en virtud de que hay evidencias que se puede envejecer con salud y bienestar, de suerte que una vida larga es signo de buena salud y que el envejecimiento de la población mundial en los países en desarrollo y en las naciones industrializadas, es un indicador de la mejora de la salud mundial.
Actualmente, a causa del crecimiento de la esperanza de vida en América Latina se calcula que el 81% de las personas que nacen vivirán hasta los 60 años, mientras que el 42% sobrepasarán los 80 años. Estos cambios demográficos crean exigencias para las familias y los sistemas y servicios de salud, especialmente para atender las necesidades de las personas mayores, como la formación de profesionales sanitarios; prevención y tratamiento de enfermedades crónicas asociadas a la edad; formulación de políticas sostenibles en materia de atención a largo plazo; atención paliativa, y de desarrollo de servicios y entornos adaptados a las necesidades de las personas mayores.
Un documento difundido por la OPS (Organización Panamericana de la Salud) que me envió la periodista Lucía Dubón, a cargo de la división de comunicación social del CAMIP de Pamplona, contiene la anterior información, enfatizando que en el siglo XXI la experiencia de envejecer es muy distinta a la del siglo anterior.
Entre las actividades que se realizan a partir de anteayer, será efectuado un acto protocolario en el Palacio Nacional de la Cultura el próximo 17 de este mes, con la participación de autoridades del Ministerio de Salud, del IGSS y de la OPS, así como representantes de los centros de atención al adulto mayor del régimen de seguridad social.
(En alguna parte, el gerontólogo Romualdo Tishudo leyó esta frase: Los nietos son la recompensa de Dios por llegar a viejo).