Recientemente la Organización Panamericana de la Salud dio a conocer que nuestro país tiene una de las tasas más bajas de consumo de tabaco: “El 33% de los jóvenes fuman, mientras que en adultos es el 26%”, lo que coloca a Guatemala como uno de los países de América Latina con menor tabaquismo. Será esto un consuelo, un hecho positivo o por el contrario todo lo que estamos sabiendo es que hay otros que están aún peor.
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La Organización Panamericana de la Salud debería plantearles a los gobiernos latinoamericanos una serie de medidas punitivas para lograr reducir el consumo de esta droga legalmente autorizada a ser cultivada, transportada, producida, comercializada, publicitada y consumida. ¿De qué le sirve a Guatemala que sólo mueran seis mil personas al año como consecuencia del tabaco? Cuántos no mueren pero viven infectados, y más grave aún infectando a quienes les rodean.
En nuestro país se debería de establecer que toda persona que muera como consecuencia del uso del tabaco, su familia tiene derecho a una sustancial indemnización por cuanto el riesgo que han creado quienes se dedican a este multimillonario tráfico es evidente. Asimismo, el Estado, no como un impuesto, sino también como una indemnización debería requerir el reintegro total de todos los gastos que produce en Salud Pública una persona que tiene que ser tratada como consecuencia del tabaco, sea porque es fumadora activa o fumadora pasiva. También debería tener derecho a una compensación económica el cónyuge que se ve obligado a sufrir porque su pareja es un adicto al tabaco.
La OPS está faltando a su responsabilidad si no logra que a nivel mundial, en base a los informes estadísticos que posee, no se tomen medidas concretas con las cuales se logre impedir el tabaquismo. En cuanto a los medios de comunicación, deberían de ponerse de acuerdo, en nuestro país y en América Latina, para rechazar el tabaquismo, para informar y concienciar a la población, especialmente a los jóvenes por cuanto esta información que nos provee la OPS evidencia que entre más joven más se está expuesto a caer en el consumo de esta droga permitida que es el tabaco.
La Procuraduría de los Derechos Humanos, a nivel nacional, la Organización de Estados Americanos y Naciones Unidas tienen que crear una política firme, severa, que logre que el consumo de tabaco se reduzca, sea tan oneroso que de una u otra forma cada día más se impida el tabaquismo.
Países como Chile donde sus adolescentes están consumiendo en un 39% de tabaco, deben demostrar que también pueden progresar y desarrollarse en contra de este grave vicio.
La sociedad civil en general también debería de crear movimientos como los que existen en el alcoholismo y tener asociaciones que permanentemente expliquen, que apoyen para que el tabaco en todas sus formas sea rechazado y se llegue a considerar como lo que realmente es, una droga sumamente nociva, sumamente adictiva, que no produce ningún beneficio más que para aquellas personas que irresponsable e inhumanamente se dedican a la producción, promoción y venta del tabaco.
Qué lindo sería el mundo donde el 99% de las personas no estuvieran expuestas al tabaquismo, cómo le cambiaría la vida a las personas que dejaran de fumar, volverían a tener un paladar mejorado, su piel de nuevo sería fresca y con un aroma agradable. Su ropa no tendría que ser sometida a severos procesos para no apestar y por supuesto, las parejas de nuevo sabrían lo que es un beso, una caricia, una abrazo sin ese asqueroso olor y sabor que conlleva la nicotina que contiene el tabaco.