Los dioses danzan


Eduardo-Blandon-Nueva

“Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas”, así reza la frase atribuida al escritor estadounidense Elbert Hubbard y que se antoja oportuna ahora que empezamos la semana y reiniciamos el tortuoso camino de Sísifo. Aunque deberíamos estar a punto, listos para recomenzar y seguir construyendo el hermoso mundo heredado por los dioses (así dicen los optimistas), en realidad experimentamos pesar y rechazo al castigo inmerecido por el que arrastramos cadenas hasta el fin de nuestros días.

Eduardo Blandón


Se necesita mucha mística para recomenzar. Imaginarnos que fuimos arrojados a este mundo con un propósito, fantasearlo y creerlo cierto. Tener la convicción que tenemos una misión. Armarnos de buena disposición y repetirnos (auto engañarnos): es bueno trabajar porque así puedo dejar un mundo mejor que el recibido. Trabajar me edifica. Soy mejor cuando Dios me ve trabajando.Y claro… con tanta ficción es posible tener buena actitud.
     
    Total, es eso lo que sugieren los libros de nuestros tiempos: Og Mandino, Wayne Dyer, Napoleón Hill, etcétera. “Puede que te sorprenda oír esto, pero el fracaso no existe. El fracaso es simplemente la opinión que alguien tiene sobre cómo se deberían hacer ciertas cosas”, sugiere Dyer. Todo está en la mente. Si piensa usted lo correcto, el mundo irradiará luz y no caminará en tinieblas.
 
    Pero incluso pensar bien se torna pesado cuando es lunes y más si se vuelve de vacaciones. En una semana uno se olvida que es hombre y se asemeja a los dioses. Quienes gobiernan el Olimpo no trabajan, ríen. Las divinidades sonríen y bailan. Así lo dice Umberto Eco en “El nombre de la Rosa”: “apenas Dios rió, nacieron siete dioses que gobernaron el mundo; apenas se echó a reír, apareció la luz; con la segunda carcajada apareció el agua; y al séptimo día de su risa apareció el alma…”. ¿Quién dijo que Dios trabajó? Dios es el genio del descanso.
 
    Blanca Estela Ruiz, en un artículo titulado “La risa de los dioses: origen y continuidad de la vida”, dice que Octavio Paz descubrió que la risa está ligada desde siempre con los sacrificios. La gente se martiriza para tener contento a los dioses, igual que lo hicieron los héroes de la antigua cristiandad. Igual que lo hacemos en Semana Santa. Si Paz tiene razón, tendríamos que aceptar que nuestra dicha terminó el sábado y apenas reiniciamos la vida ordinaria.
 
    “Si el trabajo exige la abolición de la risa, el rito la congela en rictus. Los dioses juegan y crean el mundo; al repetir ese juego, los hombres danzan y lloran, ríen y derraman sangre. El rito es un juego que reclama víctimas. No es extraño que la palabra danza, entre los aztecas significase también penitencia, fiesta que es pena, la ambivalencia del rito culmina en el sacrificio. Una alegría sobrehumana ilumina el rostro de la víctima”.
 
    Terminada la Semana Santa, habiendo puesto fin a la penitencia que, según el mexicano se vincula con la celebración gozosa, no queda sino resignarnos y volver a ser humanos. Vivir pesa tanto. Pero aún así, nada de esto habría sido escrito si viviera atareado. El trabajo tiene su lado positivo. Ya lo decía Voltaire: «Trabajemos sin razonar (porque) es el único medio de hacer la vida soportable».