Iglesia de Santo Domingo. Viernes Santo al atardecer. La imagen del Señor Sepultado que en principio, se veneró en la iglesia de Santo Domingo, de la ciudad de Santiago de Guatemala y actualmente, en la misma iglesia de la ciudad Guatemala de la Asunción, tiene una historia muy particular.
Colaborador
Los Cronistas coloniales –entre ellos el padre Ximénez- acredita la veracidad del hallazgo de esta venerada imagen, como lo relata Fray Domingo de los Reyes.
Cuando el papa Clemente VII, se negó a autorizar el divorcio de Enrique VIII de Inglaterra y de Catalina de Aragón, este se enemistó contra la Iglesia Católica Romana y fundó el anglicanismo. Se nombró jefe de la iglesia de Inglaterra, se alejó de Roma y rompió su vínculo matrimonial con Catalina de Aragón. Su dote la embarcó con destino a España. La embarcación trató de evitar encontrarse con piratas y desvió su rumbo. Así se acercó a las orillas de la ciudad Trujillo –puerto en el norte de Honduras- . Ante la amenaza de tormentas marinas propias del Caribe, el capitán hizo llevar a tierra varias cajas grandes que de inmediato dejó abandonadas.
Al llegar a ciudad Trujillo, el religioso dominico Fray José de Lazo, tuvo conocimiento de las cajas abandonadas y con respaldo de las autoridades del puerto, las hizo llevar al convento de los dominicos en la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Santiago de Guatemala, cuando aún estaba asentada la Capital del Reino en el valle de Almolonga.
Las cajas pequeñas contenían objetos de arte. Al abrir la mayor, Fray José de Lazo y sus hermanos de comunidad, se llevaron tremenda sorpresa al hallar bien embalada, la imagen de un Cristo Yacente. Las crónicas relatan que la comunidad dominica se trasladó de inmediato al templo, se echaron a vuelo las campanas, lo que hizo que las autoridades reales, eclesiásticas y civiles así como numeroso vecindario, acudieran al templo atraídos por el repique de las campanas.
Fray Francisco Ximénez, al contemplar tan maravillosa joya exclamó “Este es el Cristo del Amor” y desde entonces con ese nombre se reconoce. (1)
Don Víctor Miguel Díaz, dice de ella: “…Además de los detalles anatómicos, de la bien estudiada, actitud del cuerpo, presenta un inmenso sentimiento en el rostro, cubierto por el tinte pálido de la muerte: todo en la bella imagen es sobrio y correcto, la cabeza tiene cortos bucles y se apoya sobre una almohada, los labios ligeramente abiertos, los ojos cerrados, la nariz perfilada y la frente amplia y hermosa…” (2)
Después del traslado de la ciudad capital del Reino del valle de Almolonga al valle de Panchoy, la iglesia y el convento de Santo Domingo, estuvieron enclavados en el barrio del mismo nombre al norte de la ciudad de Santiago de Guatemala y fue residencia de familias nobles. Tuvo por vecindad al barrio de la Candelaria. Cuatro solares le asignó el Noble Ayuntamiento en 1541 a la comunidad dominica y otro cuatro más se adquirieron por compra. Así lograron edificar –incluso- el Colegio de Santo Tomás de Aquino, donde tiempo después se fundó la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo y calle de por medio al convento, el hospital de San Alejo. El convento fue cabeza de la Provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala. La calle de la Nobleza pasaba al frente.
La iglesia que primero fue de “…cañas tapadas con barro y tejado de heno…” llegó a ser –al correr del tiempo- de sólida construcción y de una belleza impresionante. Los canteros Juan Bautista de Vallejo y Martín de Autillo, en 1616 se comprometieron a construir el arco toral “de piedra de cantería”. “así, aquel edificio ponía de manifiesto el gusto de los frailes dominicos. Las Bóvedas se veían ornamentadas con arabescos y cabezas de serafines en relieves; se ostentaba en su camarin la Virgen del Rosario, que es de plata…tuvo aquel convento notables cuadros de pintores criollos y españoles, entre los que sobresalía un apostolado del taller de Zurbirán…así como candelabros de plata, candiles, altares magníficos, que construyeron los artistas del país…” (3)
“… desde la publicación de la Bula del Sr. Clemente VII (1523-1534) que mandó erigir cofradías en celebración de la muerte y sepultura de N. S. Jesucristo, tuvo principio en el Convento de Sto. Domingo de Guatemala, la cofradía de ese título que existe hasta el día de hoy y de la cual han sido Mayordomos los sujetos más visibles de esta ciudad entre los que más se distinguieron antiguamente por su devoción a este ministerio y empeño en solemnizar la función del Sto. Entierro del Redentor del mundo fue uno el Capitán Alonso Gil Moreno que costeó de su peculio el suntuoso retablo que la cofradía tenía en su capilla de la iglesia de Sto. Domingo y la Urna de carey con incrustaciones de plata que servía en la procesión que la misma Cofradía saca el Viernes Sto. Por los años de 1595 hubo respecto a esta festividad una competencia entre los PP. Dominicos y los Franciscanos que también la celebraban en su Iglesia y al fin se convino en que estos ultimos hicieran su funcion del descendimiento de la Cruz en su Iglesia y quedase a los primeros el privilegio de sacar la solemne procesion del entierro del señor, convenio que se redujo a escritura publica para perpetuar memoria. El Ayuntamiento de esta Capital fue siempre patrono de esta cofradía tomando sus capitulares participo en la funcion de su instituto ya llevando los estandartes, ya las insignias de la pasión ya otros símbolos, en la gran procesión del Viernes Santo. Por este año de 1650 en que vamos, el Mayordomo principal que lo era D. Antonio del Rizo, caballero originario de Oaxaca, dio nuevo impulso á esta celebridad y dispuso definitivamente la forma y orden de la procesión, que, poco mas o menos, es el mismo que se guarda hasta el dia de hoy. Como esta procesión es tal vez la mas solemne y augusta de tres siglos, hemos creído consignar aquí estas noticias que de ellas nos da el Cronista Ximénez en el c. 82 del Lib. 4º. De su historia…” (4)
Por la nota anterior, parece que el año de 1650 fue de mucho esplendor para la procesión del Santo entierro. El Padre Ximénez agrega que “…concurriendo a ella todo lo mas lucido de la ciudad, ya con la mucha cera, ya con la penitencia que sale, ya con la multitud de Angeles adoradores a las maravillas con mucha honestidad con sus lobas negra (túnicas negras) (5) ya con todo lo demás de que se compone cerrándose con una escuadra de soldados con su centurión, componen el mas solemne y devoto espectáculo que se puede ver en la cristiandad; que al ver la majestad de aquel entierro y la devotísima imagen de Cristo S. N. difunto en el Sepulcro, no hay hombre que por distraído que sea no se compuja llenándose los ojos de lágrimas de dolor y ternura…” (6)
El año que se tiene por cierto cuando Salió por primera vez en procesión el Santo Entierro, fue en 1570 y en 1595 quedó establecido como la procesión oficial de la tarde del Viernes Santo.
El 19 de enero de 1598, el Papa Clemente VIII, proclamó una Bula Pontificia “…concedida a las Cofradías de la Soledad de Ntra. Sra. que se han fundado y fundaren en los Conventos de Predicadores que están en las Indias…” y agregaba que “…los fieles cristianos que las habitan movidos de la devoción que tienen a la Santísima Virgen María Madre de Dios an fundado las Cofradías con nombre de invocación de la Soledad de la Siempre Virgen María, cuyos cofrades entre otras obras de piedad en que se ejercitan acostumbran el Viernes Santo llevar la Ymagen de Nuestro Salvador después de averla desendido y bajado de la Cruz en Solemne Procesión…” y otorgaba indulgencias plenarias a quienes participen de dichas ceremonias.
“El 17 de abril de 1607, el Ayuntamiento acordó…que desde el presente año, asistir a la procesión del Santo Entierro del Templo de Santo Domingo, a sacar las
insignias…usando lobas de tafetán negro…” (7) Este patronato duró hasta el año de 1825.
Fray Francisco Aguilar Prior del Convento de Santo Domingo, expresó al Noble Ayuntamiento, sus sentimientos de agradecimiento, en éstos término: “…he recibido el oficio en que usted me participa a nombre de la Municipalidad, la renuncia que hace del patronato que de tiempo inmemorial exercía respeto de la procesión del Santo Entierro, y función de los Dolores de María Santísima…tan triste, y no esperado acontecimiento ha sido para esta comunidad ocasión de mayor dolor…”
El 1º. De septiembre de 1687, se compromete el maestro de arte y de oficio ensamblador, sargento Cristóbal de Melo “hacer para la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad…un sepulcro de dos varas y tercia de largo, una vara de ancho y el alto proporcionado, que ha de ser de madera y carey, con las molduras necesarias, que se han de cubrir y guarecer de plata de martillo…dexando libres los huecos que han de cubrir las vidrieras…” (8)
Como el Noble Ayuntamiento, tuvo el patronato de la Cofradía de la Soledad y del Santo Entierro, en 1684, hizo partícipes a los alcaldes, capitulares, síndico, procurador, abogado procurador para que “…en la procesión del Santo entierro…lleven las insignias de la pasión…” (9)
A la procesión del Santo Entierro –el Viernes Santo al atardecer- asistían todas las autoridades del Reino y la Nobleza en particular. El Noble Ayuntamiento tuvo especial participación y sus capitulares fueron los encargados de sacar las insignias de la pasión, y aportaba cada año cincuenta lobas (túnicas). El 15 de marzo del año 1697, el Capitán don Francisco de Fuentes y Guzmán, propuso al Noble Ayuntamiento que, los gremios de la ciudad “den asistencia a la procesión del Santo Entierro…sacando las insignias de la pasión, envista de no haber número suficiente de capitulares…” (10)
Con base a esta disposición, los diversos gremios participaron –desde entonces- y le dieron solemnidad a la procesión. En la misma fecha del 15 de marzo de igual año, dispuso el Ayuntamiento que “…uno de los vecinos más honorable, saque la campana del Santísimo en la procesión del Santo Entierro…” (11)
Al año siguiente, 4 de febrero, el Ayuntamiento acordó que ”…los gremios, acudan a la procesión del Santo entierro a sacar los ángeles que llevarán las insignias de la Pasión…” (12)
Con este dato, se sabe que exactitud la fecha desde cuándo, desfilan los ángeles en la procesión del Santo Entierro y portan en sus manos, las insignias de la pasión, como se acostumbra en nuestros días.
Ante la “…falta de participación de los gremios, el 18 de marzo de 1705, el Ayuntamiento –en quien radica el patronato de la Cofradía de Ntra. Sra. de Soledad y del Santo Entierro- “invita a las congregaciones de religiosos para que den asistencia a la procesión del Santo Entierro…” (13)
Así también, el Ayuntamiento que siempre colaboró de forma directa a la mayor suntuosidad de esta procesión, el 12 de febrero de 1715 ordenó al mayordomo de
propios que “…las cincuenta túnicas que costea el ayuntamiento para la procesión del Sr. Sepultado de Santo Domingo, se hagan de mantas de Rabinal o de Cubulco…” (14)
El 11 de septiembre de 1753, el Ayuntamiento de la ciudad, expide un auto por el que ordena a los mayordomos de las –Cofradías de la Soledad y del Santo Entierro, “a que procedan a la formación de ordenanzas. (15)
El 3 de noviembre de ese año, el Síndico Procurador general, “pone en manos del Arzobispo el cuerpo de ordenanzas de la Cofradía de Ntra. Sra. de Soledad y del Santo Entierro…” (16) y el 10 de julio de 1770, se obedece la ejecutoria a favor de los gremios de la ciudad de que no les asiste ninguna obligación de arreglar los ángeles de la procesión del Santo Entierro…” (17)
La procesión del Señor Sepultado –el Cristo del Amor- y de María Santísima de la Soledad del templo dominico, salió el Viernes Santo a prima noche. La imagen iba en una urna de madera con incrustaciones de carey y con vidrieras. María Santísima de la Soledad iba bajo palio. Delante y al centro desfilaban los Ángeles con las insignias de la pasión y un vecino honorable, llevaba la campana del Santísimo. El guión y otras insignias, eran portadas por los Capitulares. Sus devotos revestidos con –lobas- túnicas negras, portaban cirios de cera para alumbrar de noche su retorno. El duelo se completaba con los capirotes, según la costumbre de la época.
Siguiendo el trasbase sevillano, hizo estación en la S. I. Catedral y llegó hasta la ermita del Calvario. Su retorno de noche fue por el Paseo del Prado y la calle de la Amargura y debió ser una estampa preciosa, verlo iluminado por cientos de cirios. En obediencia a la orden del Capitán General de que las procesiones en la Semana Santa del 1774, solo debían de recorrer el compás del atrio y su cementerio, la del Santo Entierro así lo hizo
Para la Semana Santa del año de 1775, todas las Cofradías justificaron su licencia para sacar sus acostumbradas procesiones. En la resolución el capitán General Mayorga, se dice –entre otras cosas- que “…porque igualmente se podrán pretender más licencias para otras, especialmente para la de Jesús Nazareno de la Merced que se ha acostumbrado la media noche. Y la del Santo Entierro que sale la entrada de la noche del Viernes Santo y camina por el calvario, desde donde regresa para San Francisco…concede la licencia que solicita, con tal que la procesión haya de estar de buelta en su Iglesia a las seis de la tarde y de ninguna manera a otra hora que competa a la noche sobre que se le hara el cargo que corresponda a Alcalde Ordinario y en quanto a las calles por donde deba transitar sean de las que en ninguna manera se pueda experimentar fatalidad o estrago alguno…” (18)
Las semanas santas siguientes, tuvieron las mismas limitaciones por el peligro que representaban las casas y edificios que fueron dañados por el seísmo y también porque las calles aun estaban con escombros que impedían el libre tránsito.
A mediados del año de 1778, .al igual que otras veneradas imágenes, la del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad, con el dolor de los vecinos fueron llevadas al nuevo asentamiento de la Ermita donde continuó su culto y devoción hasta nuestros días. En la arruinada ciudad de Santiago de Guatemala, se apagó el esplendor de su Semana Santa. El desmantelamiento y el abandono a que fue sometida, hicieron sus efectos negativos que se extendieron por largos años. Fue muy lento el renacer de la ciudad convertida en la Antigua Guatemala.
NOTAS
1 De este relato hay diferentes versiones.
2 Diaz, Víctor Miguel. Las Bellas Artes en Guatemala, ps. 306 y 308
3 Gavarrete, Juan. Anales para la historia de Guatemala, 1497-1811
4 Gavarrete, J. Ob cit. P. 131
5 Las lobas son las túnicas que generalmente eran de manta y adquirían el color negro a base de tinte. Las usaban los “cucuruchos” con su capirote en señal de duelo. Las hubo también de tafetán negro que usaban los capitulares.
6 Ximénez, Fray Francisco. Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala. t. II, p. 167
7 Pardo, J. Joaquín. Efemérides, p 37
8 Ibidem, p. 105
9 Ibidem, p. 98
10 Ib. 119
11 Ib.
12 Ib. 121
13Ib. 132
14Ib.142
15Ib. 209
16 Ib.
17 Ib. 239
18 Álvarez Arévalo, Miguel. Semana Santa: Procesiones en épocas de terremotos Guatemala: Guatemala. El Imparcial, 28 de Marzo de 1979, p. editorial.