Imposible es que pase desapercibido a los habitantes del entorno general el comportamiento climático del presente mes de marzo. De calificativo atípico, está revestido de un perfil sobre conocido de altas temperaturas tórridas y sofocantes, tipo bajío recalcitrante. También de cielos despejados, color definido, además de persistente en su mayoría, viento y frío fuerte.
En tanto, todo presenta el consabido cambio climático, fenómeno natural que afecta a los seres vivos; animales y vegetales, a manera de variedad preocupante, inclusive alarmante. De verdad conforman la frase común consistente en un supervisible abanico gigantesco, expectativa del turismo de actitud delirante, distinto, por supuesto, al delirium tremens ocasional.
Es infaltable durante las horas diarias, al ritmo y compás de música invisible. Existe presencia de nubarrones negros al amanecer que causan bajón anímico; inmediato aparecen ratos de sol pasajero a veces, pero también dominante hasta el cansancio. Tampoco falta el viento fuerte que azota potente al organismo y de noche fría, que cala hasta los huesos.
Los aspectos que aludimos en estos renglones confirman absolutamente el citado fenómeno natural que dice mucho del descontrol en marcha. La mano del hombre, representada en la descomunal industria, compulsiva y de competencia desleal, tiene la culpa. Sorprendente expresión del planeta Tierra, aquejado de destrucción tremenda y desoladora sin excepción alguna.
Apostamos en el sentido de causar asombro en realidad tal fenómeno divagante de la rutina, formadora al final de robotizar en ascenso a la población aprehensiva, un cúmulo de reacciones evidencia por lo tanto diversos comportamientos muy propensos a la invariable superstición trasnochada, doblegante de fijo, rotundamente de la autoestima de suyo tan volátil.
Las interioridades de la personalidad, igual tiene arrebatos envolventes, como sumisión de vencidos, capaz de soportar la bota encima, sin chistar palabra, cuando no, cabeza agachada en señal de esclavitud. De consiguiente, al instante se amarga más y más la existencia. Proclive de plano al derrotismo consiguiente, derrotero inconveniente en contra de la dignidad.
El caso atípico de marzo del presente año da pábulo a tan variadas actitudes del conglomerado nacional, conforme a sus creencias discurren como largo peregrinaje situaciones contrarias, quienes profesan religiones adscritas a la denominación de «santeros”, es obvio recurran a prácticas o cultos propios que les tienen acendrada confianza y fe superlativa en punta.
Si pertenecen de lleno a confesiones cristianas, acuden sin lugar a dudas a ceremonias de rigor. Invocaciones al Ser Supremo, de quien se acogen con profunda fe y acentuada devoción, más total esperanza de sanción. Qué no hace el mundo por asirse en medio de fortaleza y qué hace a título personal, en procura lo antes posible de subsanar cualquier dificultad.
A pesar de los pesares y recurrencia de tantísimo acto salvaje delictivo ¿por qué no alguna vez podrá haber una disminución cuando menos de este monstro gigantesco? La esperanza persiste y también se aferra hasta con las uñas por el ansiado control de las fuerzas de seguridad, que devuelva la tranquilidad que nosotros soñamos tenga presencia firme.
Tampoco existe una micra siquiera en las prisiones preventivas de parte de los privados de libertad, de dicho mandamiento. Lo oyen como oír llover puesto que les viene del extranjero el significativo mandato mencionado en los renglones anteriores con profusión. Han perdido todo principio en su persona, aunque se diga con solo letras que existe redención de penas.
Con tan valiosa expresión, eje y cimiento de ética y moralidad, los connacionales recuperarán, a título de un nuevo amanecer de la vida esas palabras de honda religiosidad. Conforman un déficit considerable que pugna por surgir en el fuero interno hacia el exterior de cada quien, responsable sembrador en los surcos valiosos del seno familiar portentoso.