Nos van a joder con Petrocaribe


john-carrol

La idea de Petrocaribe viene de la malévola mente de Hugo Chávez como un instrumento político para sumar adeptos a su cada vez más corrupta administración. Un instrumento de muchísima palanca diplomática que contrario a lo que indican tiene fines perversos y trataré de explicar las razones que encuentro para decir lo que digo.

John Carroll


El señor Chávez, amo y señor de Venezuela, creó este instrumento político desde los primeros acuerdos con algunos países del tercer mundo en 2005 y cuando mostró los alcances de este instrumento a sus colegas políticos todos estuvieron encantados con la idea. El instrumento le permite a los gobernantes contar con una nueva y fresca fuente de recursos para financiar proyectos sociales y,  claro está, pocas cosas gustan más a los políticos que la disponibilidad de recursos para gastar en sus brillantes ideas.   El sitio oficial del organismo recita un poema de las buenas intenciones del gobierno venezolano para proteger a los países pobres de “políticas y prácticas prevalecientes en los países industrializados que pueden conducir a una mayor marginación de los países del Tercer Mundo más pequeños y con economías más dependientes del exterior” y continúa con una retahíla de cursilerías y autoadulaciones “bajo las premisas del comercio justo, la complementación, la solidaridad, la justicia social y la voluntad común de avanzar”.

Mi opinión es que Petrocaribe es el primer paso de la nacionalización de la importación y distribución de derivados del petróleo en el país, cosa que no necesitamos porque a quién se le ocurre abandonar la libertad que tenemos  para comprar el petróleo que usamos actualmente para entregarle ese privilegio por decreto  a una empresa estatal.  Es importante también acabar con el mito de la mal llamada Factura Petrolera porque ese nombre hace pensar a muchos que el gobierno es quien actualmente importa todo el petróleo y paga una sola factura cuando la realidad es que esa factura no es más que un dato que proviene de la suma de todas las transacciones que,  personas individuales o jurídicas,  hacen con personas individuales o jurídicas del exterior que nos venden los hidrocarburos.   Así pues,  cabe preguntarse qué lógica tendría  dejar intervenir al gobierno en estas compras y darle la facultad de hacer compras para luego revendernos el producto a los guatemaltecos.  Guatemala cerró el año pasado con una importación total de más o menos US$3,000 millones de dólares en hidrocarburos.  Si el gobierno actual accede a trabajar con Petrocaribe, un bonito porcentaje de esto puede sustituirse por ese tipo de importación.  Asumamos que de inicio el gobierno logra la importación de derivados del petróleo  por unos US$500 millones y posteriormente los revende a individuos o empresas guatemaltecas; como el mecanismo del organismo le permite al gobierno pagar esa factura en un plazo de 20 años con intereses “bajos”, los políticos de turno seguramente utilizarán ese rimero de pisto para financiar sus programas mientras sabemos que eso significa un gran porcentaje de gasto en funcionamiento inútil y corrupción.

Otra trampa que se pone de moda, sobre todo ahora que los precios del combustible están por las nubes, es la de pensar que la entrada a Petrocaribe traerá precios de combustible más favorables para el consumidor final. Nada más alejado de la realidad,  el acuerdo contempla vendernos combustible a precios de mercado por lo que los únicos beneficiados de nuevo serán los gobernantes que controlarán un montón de plata que de momento no controlan.  ¿Usted le entregaría a los políticos, los mismos que nos han robado por años, $500 millones de su pisto para que ellos lo manejen? ¡Yo no lo haría! Sobre todo si entendemos que de pagar tenemos, dentro de 10 o 20 años, esos créditos cuando los gobernantes que utilizaron la plata ya no estén.   ¿Cómo haremos para explicarles a nuestros hijos que esos impuestos que pagarán cuando recién se incorporen a la vida laboral son el resultado de nuestra irresponsabilidad en el pasado?

No les crea a los políticos que le dicen que quieren ayudar a sus mandantes con mejores precios de combustibles porque si eso fuera verdad ya hubieran podido quitar o al menos reducir los altísimos impuestos que pagamos por galón cuando vamos a la gasolinera. Cuando pensaba en esto de Petrocaribe me acordé de un cuate que, mientras planeábamos un viaje y ante la dificultad que teníamos para afrontar los gastos, me dijo “Yo fiado hasta fierros calientes agarro”