La celebración, en esta fecha, del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, pasa inadvertida en Guatemala porque en pocos lugares hay tanto sentido de la negación como en nuestro país con respecto a la existencia de un serio problema de discriminación por motivos de raza. El racismo forma parte de nuestro comportamiento cotidiano y desde la cuna se aprende porque no llegamos a creer que sea un problema sino que lo vemos como algo natural en un entorno en el que convivimos indígenas y ladinos.
Es cierto que en los últimos años ha habido avances y hoy por lo menos se puede hablar del tema, aunque persista la actitud de negación que se produce de manera automática. Sorprendido alguien en una expresión racista, como decirle a un ladino que no puede esperar que un indígena le entienda, al ser recriminado por su comportamiento nos sale con que no es que discrimine, sino que plantea las diferencias existentes, mismas que significan precisamente esa discriminación de quien se siente superior y con paternalismo explica las supuestas debilidades de todo un conglomerado racial.
La Discriminación Racial en Guatemala es un tema que se ha cultivado históricamente desde que los indígenas tuvieron que soportar la conquista con todo y evangelización impuesta a sangre y fuego. Hubo épocas en que aun los intelectuales más progresistas escribieron con absoluto desprecio sobre el indígena haciendo descripciones peyorativas de nuestra población. Hoy mismo la columnista Anabella Giracca nos cuenta que en un colegio, cuyo nombre queda en el misterio, los alumnos se lucieron al final de año luciendo una camisa en la que ordenaron estampar la expresión “Fuck the Mayas” y lo hicieron con total desparpajo y por lo visto con la complacencia de las autoridades educativas, supuestamente para reírse de la fecha del 21 de Diciembre y su significado en el calendario de nuestros ancestros.
Y es que falta todavía el punto de partida. Tenemos que reconocer la existencia de un profundo racismo para aspirar a la eliminación de la discriminación racial. Mientras sigamos negando nuestro comportamiento racista, nuestro trato de desprecio o, en el mejor de los casos, de paternalismo hacia la mayoría de la población de Guatemala, no esperemos que llegue el día en que podamos eliminar esa práctica odiosa que afecta cotidianamente a tanta gente en el país.
Lamentablemente los creyentes en Dios, aquellos que han aprendido que todos los seres humanos por ser hijos del mismo Dios tienen una dignidad intrínseca, son los que muchas veces se muestran más racistas, más odiosos en su desprecio hacia el indígena. Mientras más salvados se sienten, mientras más favoritos de Dios se creen, mayor la discriminación que tratan de disfrazar con paternalismo, por lo que nuestra Iglesia tiene mucho que hacer para contribuir a encarar la realidad.
Minutero:
En medio de nuestro racismo
hay expresiones constantes
que destacan las variantes
de un profundo clasismo