Esquela


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En la antigüedad las esquelas consistían en una nota con un recuadro negro que se publicaba para informar a la opinión pública la noticia del fallecimiento de una persona. Con el tiempo, las mismas evolucionaron y suelen contener la fecha del fallecimiento, la fecha y el lugar del entierro o funeral, así como otros datos.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


En Guatemala las esquelas, a comparación del resto de América Latina, han cobrado un enorme espacio publicitario que a través de las funerarias o de las agencias de medios, especialmente escritos, se pautan por los parientes o descendientes de una persona que fallece.

Todas las mañanas leo la sección de esquelas de los diferentes medios escritos, así me entero de quiénes de mis contemporáneos han dejado de existir. He observado que es exagerado, en algunos casos, el número de esquelas, no de las familias, sino de las empresas o entidades del sector público o privado que las publican cuando fallece una persona vinculada con ellos,  los progenitores o descendientes de esa persona vinculada.

¿Será esta situación adecuada o será un exceso? Para citar un ejemplo concreto, leí en Prensa Libre, el 12 de marzo de 2012, una esquela del fallecimiento de doña Lili Nathusius de Heinemann en la que de una forma muy adecuada manifestaban su profunda tristeza sus hijos y esposas, cuatro grupos de nietos, sus bisnietos, tataranietos y sobrinos, señalando que sus restos mortales estaban siendo velados en una conocida funeraria, que al día siguiente el cortejo fúnebre saldría a una hora determinada para inhumar sus restos en el panteón del cementerio correspondiente a la comunidad israelita. Se indicaba que se agradecía no enviar flores y si se tenía a bien hacer una donación que se hiciera a una entidad de beneficencia, de preferencia al hogar Mi Casa Tío Juan o a la Sociedad Protectora del Niño, sugerencia socialmente muy constructiva que se usa con mucha frecuencia en otros países bajo la denominación “corona de caridad”, como ya lo he manifestado.

En los días 13 y 14 se publicaron, en relación al fallecimiento de doña Lili Nathusius, esquelas de la Junta Directiva de Cacif, de la Cámara de Comercio de Guatemala y de Fundesa, en las cuales se hizo constar no sólo el respectivo pésame sino la relación de doña Lili Nathusius de Heinemann con su hijo Edgar A. Heinemann, quien como se indicara en las esquelas, es expresidente de Cacif, expresidente de la Cámara de Comercio y presidente de Fundesa.

Adicionalmente, varias empresas publicaron esquelas con los mismos razonamientos, de igual forma lo hizo en dos diferentes medios, el día 14, el Procurador de los Derechos Humanos, doctor Sergio Fernando Morales Alvarado, erogando el valor de dos medias páginas. Me pregunto ¿Hubiera sido más adecuado que esas manifestaciones se hicieran de forma privada a Edgar Heinemann y familia de doña Lili Nathusius y que, en una acción similar a la de no enviar flores, esos cuantiosos recursos que sumaron las esquelas publicadas hubieran sido donados a una entidad de beneficencia de la preferencia de quienes pagaron las publicaciones, al hogar Mi Casa Tío Juan o a la Sociedad Protectora del Niño, como lo indicara la familia de doña Lili en la esquela respectiva?

También hago la interrogante de si será procedente que el Ejecutivo, el Legislativo, el Organismo Judicial, las entidades autónomas y descentralizadas, como es el caso de la Procuraduría de los Derechos Humanos, inviertan los recursos provenientes de los impuestos en publicaciones de esquelas o campos pagados similares.