El pasado sábado y en medio de fuerte polémica, HBO estrenó una película original de esa cadena, que se caracteriza por excelencia en sus propias producciones, basada en el libro Game Change, escrito por John Heilemann y Mark Harpery. La obra es producto de cientos de entrevistas que los autores tuvieron con actores de la campaña del 2008 y analiza el impacto que en esa carrera tuvieron las relaciones entre Obama y los Clinton y entre McCain y Palin.
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La película se centra en lo último, es decir, en la campaña de los republicanos y el fulgurante surgimiento de Sarah Palin en la escena política nacional luego de haber sido gobernadora del remoto estado de Alaska. La película coloca en primera fila al jefe de campaña de John McCain, Steve Schmidt, quien ante la posibilidad de que el nominado eligiera como Vicepresidente al demócrata conservador Joe Lieberman, sugiere que enfrentando a una superestrella, como definían a Obama, requerían de alguien que pudiera jugar también ese rol y luego de que su equipo “googuleó” a distintas figuras, se deslumbraron por la apariencia de Sarah Palin y sin hacer un escrutinio de su personalidad ni de su capacidad, convencieron a McCain de invitarla a ser la candidata.
Sarah Palin se convirtió, efectivamente, en superestrella para la facción más conservadora del partido republicano y alrededor de ella se nucleó el Tea Party que tiene ideas obsesivas contra Washington, pero pocas luces propositivas. Hábil para pronunciar algunas frases populistas, la candidata sorteó su absoluta ignorancia en temas de política nacional, de seguridad y de política exterior. No tenía la menor idea de que era, por ejemplo la FED, el Federal Reserv System ni su papel como banca central en la regulación del sistema financiero. En su primera entrevista pública dejó en claro que nunca supo que Corea del Norte y Corea del Sur eran dos países diferentes; ella pensaba que apenas eran la parte superior y la parte inferior de un mismo país.
En el proceso de entrenamiento para sus debates, le preguntaron cómo haría para mantener a Inglaterra dentro de la coalición en Irak, tomando en cuenta que en esos momentos se vivía el momento de menor popularidad de la participación de tropas británicas en la guerra iniciada por George Bush. Respondió que le diría a John McCain que le recordara a la reina Isabel los fuertes nexos entre los dos países para convencerla de que mantuviera a las tropas peleando junto a las norteamericanas en Irak. Los asesores se fueron de espaldas cuando vieron tanta ignorancia y le tuvieron que explicar que la Reina en Gran Bretaña no dispone sobre las tropas y que la Jefatura de Estado corresponde al Primer Ministro. Explicar el sistema parlamentario era ya demasiado para que lo pudiera asimilar la pobre candidata que se atiborró de fichas y datos que jamás pudo aprender.
La película demuestra la irresponsabilidad de líderes que pusieron al mundo en el grave peligro de que una mujer con ignorancia enciclopédica que abarca todos los temas del conocimiento humano, como decía mi recordado amigo Jorge Skinner Klée, quedara tan cerca de la presidencia de la principal potencia del mundo.
El entorno de la señora Palin ha criticado la película y el libro, pero han dicho que ella no verá la primera y, por supuesto, jamás va a leer el texto que es demasiado denso y extenso. Pero sin duda constituye el anticipo de lo que ahora vemos con la contienda por la nominación republicana, donde la falta de sustancia, la general ignorancia de muchos de los candidatos ha sido más noticia que la capacidad para articular propuestas. El fin de la era de los estadistas se está viviendo ya y lo demuestran no sólo algunos libros y películas, sino la realidad cotidiana de esta campaña.