El reto cultural de los guatemaltecos – El legado de Gaitán, Banús y Méndez de la Vega –


Jorge_MARIO_Andrino

En los últimos días Guatemala ha estado de luto. La muerte de artistas nacionales como Héctor Gaitán, Ramón Banús y Luz Méndez de la Vega causaron tristeza y recuerdo de la obra cultural de estos artistas, cada uno en su campo; sin embargo, su muerte también hizo pensar a muchos compatriotas sobre los sucesores de estos laureados expositores que en la narrativa, la literatura y la pintura dieron lo mejor de sí, y por ello fueron reconocidos dentro y fuera de Guatemala.

Jorge Mario Andrino Grotewold


Los guatemaltecos hemos experimentado situaciones difíciles desde siempre, pero especialmente en el siglo anterior, derivado de un proceso de desarrollo desigual que ha logrado que un sistema perverso no permita que todos los guatemaltecos cuenten con las mismas oportunidades y por ende, no se desarrollen sus capacidades o habilidades cognoscitivas, culturales o deportivas. Sin embargo, existen algunos insignes valores que pese a tener adversidades, han logrado ser exitosos en distintos campos, pero en realidad son muy pocos. Enumerarlos sería injusto, porque se pueden cometer omisiones, pero los tres artistas que recién nos han dejado Gaitán, Banús y Méndez de la Vega se han ganado un espacio dentro de los conocedores del arte, no sólo porque su obra representó dignamente al país, sino porque en todo momento reflejaron un alto nivel de nacionalismo, expresado mediante sus obras, y que no fueron celosos ni egoístas para compartir su éxito, su conocimiento y su sabiduría.

Las obras de Gaitán constituyen un verdadero patrimonio para las nuevas generaciones, especialmente con esa narrativa tan didáctica que tienen sus textos, al introducir al lector a tradiciones y cuentos de la Guatemala de antes, de barrio, de nuestros abuelos, y al relatar exactamente esas calles donde se vivieron muchas anécdotas, cuando la sociedad guatemalteca era más pequeña. Ramón Banús, maestro de la plástica, no sólo revolucionó su modelo artístico de pintura, al lograr un estilo propio reconocido en sus exposiciones alrededor del mundo, sino además se adentró en realidades culturales del país, creando un imaginario de nuestras simples calles, barrios y personas, exaltando los valores sociales como comunes y promoviendo en quienes su obra influyó, en siempre alcanzar esa línea de pureza artística refrescante que le caracterizó. Y a la dama que fue Luz Méndez de la Vega, profesora, literata y poetisa, ideóloga de la representación de la mujer, cuyo legado merece exaltación no sólo por su notable posición guatemalteca demostrada en las letras, sino además por su expresión poética vinculada al sentimiento, al amor y a Guatemala.

Pero la sociedad guatemalteca, no sólo la urbana sino toda en su contexto, se encuentra con grandes retos desde hace algún tiempo. Salvo, quizá, la expresión artística del cine y el teatro, que ha retomado una fuerza importante en los últimos años, realmente son pocos los artistas nacionales que puedan alcanzar un recorrido tan valorado, y que permita tener un reconocimiento, primeramente a lo interno del país, y luego a nivel internacional. Esfuerzos aislados como los de los denominados “desatosigados” o los artistas de escultura y pintura de las poblaciones rurales, no reciben apoyo directo o indirecto del Estado; y por ello se hace necesario que se demanden la creación fuentes de inspiración para futuras generaciones.

Y más preocupante se vislumbra el hecho que los niños en su gran mayoría no reciben estos aportes ni estímulos artísticos de parte del Estado, sino dependen de la visión y recursos económicos de sus padres, para que por medio de instituciones privadas, puedan promover sus habilidades culturales. Ni qué decir de aquellas familias que están más preocupadas por su sostenimiento económico que por desarrollar potencialidades artísticas de sus hijos. O aquellas cuya desintegración familiar constituye en sí, una complejidad a superar.

Guatemala tiene ese reto, muy particular, de no dejar que se pierdan oportunidades de desarrollo cultural de sus artistas, porque negarle ese derecho a la juventud, equivale también a olvidar a los grandes representantes que en su época dejaron legado; y el Estado, mediante programas, acciones y producciones culturales, debe promover que estos legados se mantengan, y en la medida de lo posible, equitativamente en todo el territorio nacional.