Un alarmante aumento de partos en adolescentes y jóvenes se registra cada año en el Ministerio de Salud Pública. Durante 2011, en el sistema nacional de salud se atendieron 26 mil 527 nacimientos en los que la madre no superaba los 18 años.
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Datos del Sistema de Información Gerencial en Salud (Sigsa), del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, refieren que entre el 2009 y 2011 aumentaron en más de 10 por ciento los registros de partos en madres menores de edad.
De acuerdo con los datos oficiales, el año pasado se atendieron 26 mil 527 casos, mientras que en 2010 fueron 25 mil 822, y para 2009 se contabilizaron 23 mil 930.
El Sigsa registra los partos atendidos en todos los servicios públicos de salud en el país, lo que deja fuera los servicios privados y comunitarios, por lo que existe un subregistro de casos.
Esta situación es alarmante, señala Juan José Solares, de la organización “Jóvenes por la Vida”, quien considera que las cifras son un reflejo de la ausencia de planes específicos en materia de salud sexual y reproductiva para la mayoría de niñas, niños y adolescentes.
El activista considera que esta situación necesita como respuesta una intervención urgente de las autoridades del sector de la salud preventiva, especialmente en las áreas rurales con escasa atención.
MÁS VISIBLE
Susy Eiyadeh, responsable de Género e Interculturalidad en la organización Plan Internacional, considera que en la actualidad existen factores “que hacen más evidente la problemática” que “siempre ha existido”, por lo que a su criterio no se trataría de un incremento de casos, sino de una mayor visibilización del problema.
En referencia al subregistro de casos, la experta señaló que “no se conoce cuántas de ellas –madres menores de edad– no buscan el servicio por lejanía o temor a la discriminación y estigma que podrían enfrentar”.
A criterio de Eiyadeh, estas madres “son niñas” que no están fisiológicamente preparadas para el embarazo y parto, y apunta que se enfrentan a serias amenazas como la desnutrición y la mortalidad materna, la cual es tres veces más alta en mujeres indígenas. “Tanto el niño (a) como la madre pueden tener daño físico como rasgadura, infecciones y otras”, puntualizó
“A nivel psicológico el cuidado y ternura que requiere un hijo recaen en la responsabilidad de una niña, lo cual genera un enorme impacto en su vida, sus posibilidades de seguir estudiando y de vivir dignamente ya que puede repercutir en pobreza, falta de autonomía y ejercicio de derechos”, puntualiza.
Solares considera que un agravante del problema es que los hijos de las adolescentes están destinados a continuar el patrón y “convertirse en padres y madres antes de cumplir la mayoría de edad”, mientras que continúan en el mismo ambiente.
“A pesar de que hemos avanzado, todavía hace falta mucha información y acceso a servicios de salud”, considera el activista, quien pide que “en las escuelas se dé más información y educación a los jóvenes”.