Los animales, tanto mamíferos como insectos, se drogan intencionalmente. En realidad, más de 300 especies animales se drogan de una forma u otra y, en contra de lo que pueda pensarse, lo hacen de manera intencionada, sabiendo los efectos que esas plantas, hongos o insectos les producirán en el organismo.
Y como a nosotros los humanos, tal elección les trae más problemas que ventajas, pues les deja indefensos ante los depredadores.
Los ejemplos son numerosísimos y harto curiosos. En Madagascar, los lémures negros (Eulemur macaco) utilizan la secreción venenosa de un ciempiés como eficaz insecticida para su piel, pero acaban completamente borrachos. El jaguar (Panthera onca), directamente se droga con las hojas de una enredadera y los indígenas le imitan consumiendo la misma sustancia, en la ilusión de obtener parte de las prodigiosas dotes de cazador de este poderoso felino americano.
En el Círculo Polar Ártico también hay sitio para los estupefacientes. En esas frías tierras los renos (Rangifer tarandus) se han aficionado a los placeres emanados de comer una seta, la Amanita muscaria, cuyo efecto en los humanos, los samis, un pueblo lapón, es el de tener la impresión de volar. Probable origen de los renos voladores de Santa Claus. Otra especie partidaria es el elefante, adicto a la fruta fermentada del marula o amarula (Sclerocarya birrea), un árbol propio del Sahel africano del que se extrae un famoso licor parecido al Bailys. Deben hacer falta centenares de kilos de esa fruta para tumbar a uno de estos grandiosos animales, pero ocurre. Si los gatos comen yerbabuena se aletargan.
Como éstos existen muchísimos más ejemplos, incluso dentro del reino de los insectos, donde hay una especie de hormiga, de las cuales se drogan y se envician algunos individuos, los cuales son ejecutados por sus congéneres, por no trabajar y convertirse en un lastre para la comunidad. Esto lo leí hace muchos años en “Los insectos” de la colección de libros de Life.
Sobre el tema propuesto por el presidente Otto Pérez, referente a la autorización o no del uso de drogas en Guatemala, es conveniente interpretar que los seres vivos en general, utilizan diferentes medios y fuentes de alucinógenos para su placer e incluso para buscar inspiraciones de diferente índole en el ser humano.
De las plantas se obtiene todo, es decir, comida, energía, medicamentos, pero también hay algunas plantas que tienen efectos inexplicables, y transportan la mente humana a regiones de maravillas etéreas, estas son los alucinógenos. Algunas de estas, cuando los humanos necesitaron desentrañar todos los fenómenos naturales, fueron considerados divinidades y otras fuerzas espirituales; por lo tanto, la íntima relación entre los hombres y el mundo vegetal es fácilmente identificable, pero lo que no se reconoce de manera oficial es la existencia y producción de substancias que afectan las profundidades de la mente y el espíritu. Pero cada civilización suele incorporar una droga a sus ritos; por ejemplo, los brasileños emplean el fruto del guaraná; el chamanismo siberiano usa el hongo llamado amanita muscaria; los huicholes usan para sus visiones y rituales el cactus, conocido como el peyote, y los indios de Norteamérica crearon toda una religión alrededor de este cactus, los apaches, los kiowas y los sioux, lo han utilizado como los hindúes lo hacían con el soma y el hachís y la nuez moscada en los pueblos de Europa. Continuará…