Sneijder, la flor que brota en el desierto neroazurro


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El holandés fue el único futbolista que imprimió calidad en el Vélodrome, que presenció anoche un encuentro entre dos equipos desastrosos si miramos en perspectiva su trayectoria a nivel histórico.


Si hay partidos de la Europa League con sabor a Champions, también hay partidos de la Champions con sabor a Europa League. Es el caso del partido de anoche entre Olympique de Marsella y Inter de Milán en el Vélodrome. Los conjuntos de Didier Deschamps y Claudio Ranieri mostraron una versión muy pobre en su juego que resultó en un partido flojo y aburrido que puede colocar inmerecidamente a los franceses en cuartos de final tras el tanto in extremis de André Ayew (1-0).

El OM está a años luz de aquel equipo que se proclamó campeón de Europa en 1993, cuando el propio Deschamps, entonces capitán, y los Marcel Desailly, Alen Boksic, Rudi Voller y Fabien Barthez derrotaron al Milan de Fabio Capello en la final en el Estadio Olímpico de Múnich. Los marselleses, que anoche acusaron ofensivamente la ausencia de Loïc Rémy, cuentan con una plantilla demasiado joven y con falta de oficio para hacer algo grande en la competición europea. Mathieu Valbuena es el único jugador que muestra un salto de calidad que, de todos modos, tampoco sirve para transformar a un elenco con falta de señorío.

El Inter de Milán también es un desastre, pero de una clase y un origen muy distinto al bloque de los phocéens. Los nerazurri, en cuanto a espíritu y a excelencia futbolística, son como un desierto en el cual brota una única flor llamada Wesley Sneijder, cuyo rendimiento sorprende día a día por el contraste que resulta de compararlo con el del resto del cuadro interista.

Julio César, Lúcio, Dejan Stankovic, Walter Samuel, Esteban Cambiasso, Javier Zanetti, Christian Chivu y Maicon son ocho jugadores que salieron de inicio anoche en el Vélodrome. Todos ellos superan la treintena de edad y el capitán Zanetti, con 38 años a sus espaldas, representa a una generación de jugadores que tocaron techo en la final de Champions de 2010 en el Santiago Bernabéu.

En este contexto, jugadores de gran proyección como el central italiano Andrea Ranocchia o el rapidísimo ex de la Lazio Mauro Zárate y el holandés Sneijder, uno de los mejores centrocampistas del mundo hoy en día, desentonan en exceso en un elenco italiano que está pidiendo a gritos una renovación y un relevo en el banquillo de un Ranieri que ya no entrena con la ambición de décadas anteriores. El charrúa Forlán está muy lejos de ser aquel killer que espera un Inter que colectivamente no le acompaña y que tiene que ampararse en el olfato y la ambición de Diego Milito, que ayer no jugó.