En el mundo existe poca regulación para el tema de los seguros y las compañías generalmente disponen sus propias normas, por lo que en Guatemala no es extraño que un asegurado, luego de haber pagado 20 o más años puntualmente su seguro de gastos médicos, reciba una notificación cuando llega a los 65 años en el sentido de que ya no tendrá cobertura a partir de ese que se vuelve un fatídico cumpleaños.
ocmarroq@lahora.com.gt
Justamente cuando más necesita una persona de cobertura de gastos médicos, porque es cuando por cuestiones naturales requiere por lo menos que se le hagan chequeos anuales y seguramente tiene que empezar a vivir con medicamentos por algunas dolencias propias de la edad, se le avisa que ya no tiene chance de seguir asegurado. No importa en lo absoluto que haya sido cliente durante muchos años ni que puntualmente hiciera sus pagos. Tampoco se considera en mejor forma a los que hicieron poco uso del seguro porque no sufrieron muchas dolencias.
Simplemente el estudio actuarial dice que a los 65 años el seguro empieza a ser poco rentable para las aseguradoras para que estas dispongan no emitir nuevas pólizas para los clientes. En otros lugares del mundo es justamente a esa edad que se duplica la cobertura, puesto que no solo el ciudadano puede seguir con su seguro obligado por regulaciones estatales, sino que además también entra a funcionar un sistema de protección estatal. En Estados Unidos un asegurado no pierde su derecho a cobertura de gastos médicos por llegar a los 65 años, sino que la duplica, puesto que además de su seguro privado, el Madicare estatal entra a funcionar para garantizar el mejor tratamiento a las personas mayores.
En Guatemala no hay una política para proteger a nuestros ancianos y fuera del programa impulsado por Manuel Baldizón, clientelar en muchos sentidos y con objetivos claramente políticos, no existe cobertura de ningún tipo para los que son llamados de la Tercera Edad, eufemismo para referirse a nosotros los viejos.
Creo que es indispensable que nuestras autoridades legislen adecuadamente para impedir ese abuso que cometen aquellas empresas aseguradoras que ya no dan cobertura, ni siquiera tomando en cuenta la antigüedad de las pólizas, a quienes llegan a los 65 años. Si es discutible que se le niegue el derecho a seguro a cualquier persona, cuánto más cuando esa negativa es contra personas que durante décadas enteras han sido clientes de las compañías. Claro que actuarialmente cuando contrataron los seguros de gastos médicos eran perspectiva rentable porque por su misma edad disminuyen los riesgos de enfermedades crónicas de costoso tratamiento y por ello es que anualmente la prima sufre incremento porque conforme pasan los años el cliente empieza a volverse más riesgoso.
No hablo del valor de las primas, puesto que no se puede obligar a ninguna empresa a operar con pérdidas, pero sí del concepto de mandar a la punta de un cuerno a cualquier persona que goce de la protección del seguro de gastos médicos justamente cuando más falta hará esa cobertura en la vida.
Repito que en otros países hay un trato mucho más humano, hay respeto para los ancianos y para la gente mayor, a la que se le ofrecen facilidades en cuanto a servicios y coberturas, no sólo médicas sino en muchos aspectos de la vida, precisamente por su condición de edad. En Guatemala priva la ley del desprecio a los viejos y quizá no tenemos el gesto de meter a los viejos en asilos, como pasa en otros lados, pero eso no significa que nos preocupemos y ocupemos de ellos.