La mejor muestra de lo inútil que es la Contraloría de Cuentas es que cualquier ladrón tiene su finiquito entre la bolsa y puede presumir de que el mismo es garantía de que fue honrado en el manejo de los fondos públicos. Creo que de todas las leyes contra la corrupción que tienen que aprobarse, ninguna es tan urgente e importante como la que regula las funciones de la entidad fiscalizadora, puesto que si bien la Constitución le otorga suficientes dientes para verificar el uso de todo recurso del Estado y aún de las aportaciones públicas, los descarados contralores se han encargado de irla dejando sholca para que cubra las sinvergüenzadas.
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Empezando por el hecho inobjetable que hoy en día tenemos una Contralora de Cuentas que descaradamente fue sobornada por el gobierno anterior para que se haga de la vista gorda de todas las cosas que pasan por sus ojos y, sobre todo, de las que ya pasaron en el gobierno pasado. Pero no es únicamente eso, sino que en realidad la institución fue desvirtuada, prostituida hasta sus cimientos, para que sea tapadera de los pícaros en vez de ser el elemento de transparencia que el país necesita.
Es indignante ver que gente que ha pasado por los puestos públicos haciendo micos y pericos pueden presumir que tienen su finiquito y con ello pretenden taparle el ojo al macho. Me atrevo a decir que el noventa y nueve por ciento de los ladrones que han saqueado al erario nacional tienen finiquito y que únicamente los más pendejos carecen de esa constancia de pureza y santidad. ¿Cree usted que los encargados de piñatizar los bienes del Estado y que vendieron activos tan importantes como la telefonía, el negocio de la electricidad y hasta el ferrocarril y el correo no tienen finiquito? Mamolas, si hasta han sido nombrados para otros puestos en los que tienen que presentar como condición y requisito su finiquito debidamente extendido por la Contraloría de Cuentas.
Por ello es que cuando dice el gobierno que va a pedir finiquito para cualquier nombramiento o nos están viendo la cara de mulas a todos o no entienden cómo ha funcionado esa porquería que conocemos como Contraloría de Cuentas. Y eso es grave porque significa que no habrá una reforma de la institución bien dirigida y mejor entendida. No tendremos oportunidad de realizar los cambios que hacen falta para que principie una etapa en la que se exija, en realidad, la rendición de cuentas de todos los funcionarios públicos a cualquier nivel.
Conociendo bastante la historia de la corrupción en Guatemala y entendiendo que los largos gozan de la más amplia impunidad en el país, hablar de que el finiquito sería una especie de filtro es hablar puras babosadas, puras pendejadas porque entonces cualquier ladrón podrá ser nombrado a los más importantes cargos y los de mayor responsabilidad, toda vez que puedo asegurar, sin riesgo alguno de equivocación, que los pícaros cargan su finiquito entre la bolsa o lo tienen a buen recaudo para sacarlo cuando se les presente la oportunidad de un nombramiento.
La lucha contra la corrupción es inútil si no tenemos una institución que verifique las cuentas, que haga auditorías confiables y que certifique lo conducente al Ministerio Público. Hoy en día la Contraloría no puede aportar pruebas de ni rosca porque no hace función de verdadera fiscalización sino función de tapadera para que los pícaros no tengan que enfrentar problemas con la justicia. Los hueveos más descarados han sido certificados como buenos por la Contraloría. ¿Hay algún sindicado, no digamos preso, por la compra de chatarra conocida como buses rojos, por ejemplo? Y así podemos seguir ad eternum porque los ejemplos sí que abundan.