714 millones de votantes


Unos 714 millones de indios están convocados a votar a partir del jueves y durante un mes en elecciones legislativas más abiertas que nunca, en un paí­s profundamente fragmentado, afectado por la recesión en occidente y los atentados en su propio territorio y en todo el sur de Asia.


Estos comicios, catalogados por el gobierno de «mayor ejercicio democrático del mundo», se desarrollarán en cinco etapas, hasta el 13 de mayo, para designar a 543 diputados de la Asamblea Popular que representan a 35 Estados y territorios indios.

Las elecciones de este gigantesco paí­s de 1.170 millones de habitantes, con 714 millones de empadronados, contarán con la protección de 6,1 millones de agentes de seguridad y con observadores en 828.000 oficinas electorales diseminadas desde Bombay hasta la frontera birmana, a 2.500 km al este, y de Cachemira (norte) hasta Kerala (sur), a 4.000 km de distancia.

El primer ministro Manmohan Singh, un sij de 76 años, encarna perfectamente a este mosaico de etnias y castas con 18 lenguas oficiales que probablemente forma la sociedad más compleja del planeta.

India, que en 62 años de independencia se convirtió en una potencia atómica y en la décima economí­a mundial, también está minada por fuertes desigualdades sociales y tensiones entre las comunidades hindúes (80,5%), musulmanas (13,5%), cristianas (2,3%) y sijs (1,9%).

Pero ni el Partido del Congreso de Singh -presidido por Sonia Gandhi, la influyente heredera de la dinastí­a Nehru-Gandhi- ni la oposición de la derecha nacionalista hindú del Partido del Pueblo Indio (BJP), de Lal Krishna Advani, de 81 años, lograrán suficientes bancas para gobernar solos.

Por lo tanto, los resultados de estos comicios, el 16 de mayo, están más abiertos que nunca y la formación de un gobierno de coalición dependerá de alianzas entre los dos grandes partidos nacionales y las organizaciones regionales.

Como «el electorado y el tablero polí­tico están totalmente fragmentados y «balcanizados» (…) los partidos regionales dominarán estos comicios, sobre todo en Estados como Uttar Pradesh (norte), Andrha Pradesh o Tamil Nadu (sur)», explicó Gilles Verniers, un investigador del Instituto de Estudios Polí­ticos de Parí­s, destacado en India.

Por ejemplo, la jefa del gobierno de Uttar Pradesh (182 millones de habitantes, 80 escaños en la Asamblea), la hindú «intocable» Mayawati Kumari con su Partido de la Sociedad Dalit (BSP), podrí­a ser «la hacedora de reyes» para el Congreso o el BJP, o incluso ser la primera ministra de una coalición heteróclita de pequeños partidos.

Aunque el Congreso y el BJP hagan campaña sobre cuestiones de interés nacional -el impacto de la recesión llegada de Occidente, la lucha contra la pobreza, el desarrollo de las infraestructuras y la educación o la lucha contra el terrorismo- «las cuestiones regionales y locales determinarán el voto», sostiene Verniers.

Sin embargo, India necesita «un poder sólido y experimentado», señala el analista Neerja Chowdhury, en momentos en que su economí­a se desacelera y está afectada por el terrorismo regional, como sucedió en noviembre con los atentados de Bombay, imputados a un grupo islamista paquistaní­, que dejaron 174 muertos.

El PIB indio tuvo en los últimos tres años un crecimiento promedio de 9%, pero en el último trimestre de 2008 cayó a un 5,3% y el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) prevé que crecerá un 5% en 2009-2010.

A causa de la caí­da de las exportaciones, cerca de 1,5 millones de personas perdieron su empleo en el segundo semestre de 2008 en los sectores de la artesaní­a y los textiles, según datos oficiales.