Luces, cámaras, acción. Ha iniciado un nuevo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los ojos de los medios informativos se centran ahora en Nueva York y algunos (casi todos) los líderes mundiales han decidido participar en esta especie de «show mediático» que presenta un síndrome de «reunionitis aguda».
Se tiene previsto abordar, obviamente después de los actos protocolarios, cenas, almuerzos, desayunos y más cenas, nueve (9) temas: Mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, promoción del crecimiento sostenido y del desarrollo sostenible de conformidad con las resoluciones de la Asamblea General y las recientes conferencias de las Naciones Unidas, desarrollo de ífrica, promoción de los Derechos Humanos, coordinación eficaz de las actividades de asistencia humanitaria, promoción de la justicia y el derecho internacional, desarme, fiscalización de drogas, prevención del delito y lucha contra el terrorismo internacional en todas sus formas y manifestaciones y finalmente asuntos de organización y administrativos y otros asuntos (presupuestarios y designaciones).
Este programa incluye a su vez unos ciento sesenta y dos puntos de agenda (162) que van desde la discusión para la apertura y acreditación de delegados, pasando por temas de seguridad hemisférica, cooperación internacional, armas ligeras hasta el financiamiento de las Misiones de Paz.
La palabra Naciones Unidas fue utilizada por vez primera por el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en enero de 1942, para hacerle frente al enemigo común (la Alemania Nazi y sus aliados), baste recordar los antecedentes previos rápidamente, UIT 1865, UPU 1874, la Conferencia Internacional de la Paz de 1899, la Corte Permanente de Arbitraje de 1902 y el Tratado de Versalles que da vida a la Sociedad de las Naciones de 1919, sólo por mencionar alguno de los intentos desde la diplomacia multilateral o la llamada diplomacia de convención. Y es que habrá que reconocer que más allá del desagrado o agrado que nos pueda generar esta burocracia internacional, esta enorme maquinaria, este pesado elefante gris (como llegó a llamarle algún Presidente de los Estados Unidos) al momento continúa siendo el único mecanismo efectivo que facilita la rápida comprensión y resolución de la agenda mundial desde el multilateralismo.
El día de hoy, en esta columna no pretendo generar ningún tipo de análisis de la organización, ni mucho menos constituirme en un crítico sin sentido, lo que persigo modestamente es que una vez más usted, ciudadano propietario de la organización se empodere y saque sus propias conclusiones, perdone si a lo mejor molesto la tranquilidad de su hogar, o perturbo esos momentos que en su oficina, al finalizar una jornada laboral, con el cuento retocado de que hay que reformar a las Naciones Unidas, pero permítame insistir, la importancia de este foro que aborda asuntos que nos afectan sensiblemente y que estoy seguro en muchísimos casos pasan desapercibidos por otro tipo de noticias que parecen más de la prensa rosa que propiamente de la política internacional.
Le insto a que le dé seguimiento a los discursos de los líderes mundiales que participan en la Asamblea ?leer entre líneas; que analice las posiciones estratégicas de las diversas regiones? Centroamérica, ífrica, Asia, Medio Oriente, Europa, que le dé seguimiento a las resoluciones emanadas, que le dé seguimiento a los temas sensibles como medio ambiente, calentamiento global y combate a la pobreza.
Un tema que no está siendo abordado y que me genera una lógica inquietud y que habré de indagar es el del porqué los ODM (Objetivos del Desarrollo del Milenio) no figuran como punto de agenda.
Por lo demás, escuchemos con morbo y en algunos casos con atención los discursos airados de los que en algunos casos buscan «robarse el show», escuchemos los discursos de los que buscan imponer agenda, los discursos intranscendentes y desde allí también saquemos nuestras propias conclusiones ?como en una radiografía? de la situación mundial y cuáles pueden ser los siguientes pasos en la búsqueda de un remedio de los males que venimos padeciendo.