Hoy 10 de diciembre es el Día de los Derechos Humanos. Hace 60 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual estableció un amplio abanico de derechos fundamentales, inherentes a toda persona sin discriminación de ningún tipo.
En esa ocasión, la Asamblea General del organismo mundial proclamó la referida Declaración como un ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades.
Ese histórico documento estipula el compromiso de los países del mundo de asegurar, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, el reconocimiento y aplicación universales y efectivos de estos derechos, tanto entre los pueblos de los Estados miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.
En su preámbulo, la Declaración Universal subraya que el desconocimiento y menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.
En su artículo 1, la Declaración señala en forma categórica que «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…».
Hay que señalar que la preocupación por los Derechos Humanos ha sido constante en el desarrollo de la humanidad. El abogado guatemalteco Luis Ernesto Cáceres afirma en sus investigaciones académicas que la Iglesia Católica fundamentó el contenido de los Derechos Humanos en los textos bíblicos. Según este punto de vista, fueron las enseñazas de Jesucristo, las que realmente difundieron el humanismo que la Iglesia pregonara posterior a su muerte por todo el mundo. Señala que los Diez Mandamientos llevan implícita una concepción de los derechos esenciales de la persona, aunque expuestos de forma negativa en frases como «no matarás», «no robarás», «no cometerás adulterio», etc. En ese sentido, sería válido decir que Jesucristo probablemente fue el Primer Procurador de los Derechos Humanos en el mundo.
El jurista español Carlos Villán Durán, recuerda que mediante la Carta Magna impuesta por el clero inglés al monarca Juan Sin Tierra el 17 de junio de 1215, se reconocen por primera vez algunas garantías individuales como el derecho a la vida, la libertad, el derecho de defensa y el principio de inocencia, entre otros.