520 años más tarde


Editorial_LH

Al viejo Día de la Raza se le cambió el nombre y ahora se habla del Día de la Hispanidad para mantener una postura políticamente correcta, pero sin entender que más que una cuestión semántica debemos enfocar el asunto desde el punto de vista de nuestras actitudes y comportamientos porque poco importa cómo le llamemos al aniversario del día en que llegó Colón a territorio americano, sino cuál es nuestra visión de esa composición multiétnica y multicultural que se cacarea a veces sin entender.


Este año la conmemoración nos agarra en pleno fragor del debate causado por una protesta de indígenas hace apenas una semana que se saldó con la muerte de varios manifestantes. Las reacciones van desde las de una comunidad internacional que se preocupa por la violación de los derechos humanos hasta la polarización de la sociedad guatemalteca que se divide entre quienes condenan la vuelta a la militarización del país y quienes ahora condenan que el Ministerio Público acuse a los militares sin meter presos a los indígenas que consideran revoltosos y delincuentes.
 
 A 520 años de distancia no hemos aprendido a convivir respetuosamente en el seno de la Patria y persiste la idea de que si un indígena protesta es porque está siendo manipulado, usado por extremistas, porque no se puede entender que puedan tener la conciencia de actuar reclamando sus derechos por propia convicción y determinación. Tras la conquista y durante los primeros siglos de nuestra vida independiente, se pensó que mantener al indígena alejado de la educación era como un seguro contra revoluciones. Ubico convirtió en doctrina la tesis de que un pueblo ignorante de sus derechos no los reclama y por lo tanto no había que enseñárselos.
 
 Pero el indígena ha sabido mantener desde tiempos ancestrales sus valores, su cosmovisión de la vida y la naturaleza y preserva sus creencias. Por ello es que negociar con los indígenas no es lo mismo que negociar con líderes sindicales que se venden y que están buscando su propio beneficio usando la protesta como chantaje. La protesta y el reclamo indígena es diferente y como no lo entendemos se cometen errores muy graves por prejuzgar de que el interlocutor tiene su agenda oculta. No es lo mismo negociar con Carmen Tacam que con Joviel Acevedo porque sus agendas son diferentes y sus objetivos distintos.
 
 Nuestra sociedad nunca olvidará el apellido Rosenberg, pero nadie sabe quiénes eran José Eusebio Puac Barreno, Santos Hernández Nicolás Menchú, Rafael Nicolás Batz Menchú, Jesús Baltazar Caxaj Puac, Arturo Félix Sapón Yax y Jesús Francisco Puac Ordóñez, muertos en la Cumbre de Alaska. Contrastes que cobran relevancia cuando hablamos de los 520 años.

Minutero:
 La mentalidad de Colón
 mantiene plena vigencia
 y por no tener colofón
 es causa de tanta pendencia